CUESTIONES DOCTRINALES DEL ANGLICANISMO

Muy Rvdo. Pbro. Lcdo. Carlos Rivero

 

La Doctrina y fe Anglicana

¿Cuáles son los orígenes de la Iglesia Anglicana?

La Iglesia Cristiana fue fundada por Nuestro Señor Jesucristo. En el año 200 d.C., la Iglesia se había extendido a través del Imperio Romano y más allá de sus confines. Antes de que el cristianismo fuera aceptado por el Emperador Constantino en el año 312, las persecuciones en contra de los cristianos eran muy severas. En el siglo II la Iglesia había llegado a la Gran Bretaña, puesto que en el CONCILIO DE ARLES, realizado en el año 314, estaban presentes tres Obispos británicos. El cristianismo y la Iglesia existieron en Inglaterra mucho antes que los misioneros enviados por el Papa Gregorio I, llegaran desde Roma a la Gran Bretaña.

¿Es Católica la Iglesia Anglicana?

La Iglesia Anglicana es una Iglesia Católica pues tiene los elementos que la hacen tal: Las Sagradas Escrituras (Biblia), la Sucesión Apostólica (Obispos, sacerdotes y Diáconos en cadena ininterrumpida desde los mismos apóstoles), Los Credos de los siete primeros Concilios Ecuménicos (el Apostólico, el Niceno y el Atanasiano) Los Sacramentos necesarios para la vida espiritual (incluida la Eucaristía y el Bautismo).

¿Es cierto que la Iglesia Anglicana es cismática?

No, porque los cismas son por rechazar una verdad de fe, y la Iglesia Anglicana nunca ha rechazado ninguna verdad de fe, sigue siendo la misma Iglesia nada más que purificada y limpia de ciertas corrupciones y supersticiones que se habían introducido.

¿Cuál es la actitud de la Iglesia Anglicana hacia la Iglesia Católica Romana, las Iglesias Evangélicas y las sectas Religiosas?

La Iglesia Anglicana define cuatro puntos que considera como marcas de su Catolicidad: LA BIBLIA como regla y última norma de fe. LOS CREDOS: El Niceno, el de los Apóstoles, y el Atanasiano. LOS SACRAMENTOS: El Bautismo y la Santa Comunión como necesarios para la salvación; y los otros cinco sacramentos recomendados por la Iglesia para mantenernos en la gracia de Dios. EL MINISTERIO APOSTOLICO bajo el cuidado de los Obispos. Los anglicanos no estamos de acuerdo con la centralización del poder en un solo Obispo. Las Iglesias Reformadas y otras, dan testimonio de una fe viva en Cristo. Admiramos el compromiso que muestran los grupos neo-cristianos; sin embargo, pensamos que sus enseñanzas distorsionan o niegan los cuatro puntos de la fe Católica y Apostólica difundida por la Iglesia desde la época de los primeros cristianos. Por muchos años, la Iglesia Anglicana ha participado en diálogos ecuménicos oficiales, tanto con las Iglesias Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa, así como también, con algunas Iglesias Evangélicas, en la búsqueda de compartir con mayor despliegue la fe y la práctica cristiana mostrando así unidad en la fe.

¿Puede un no anglicano recibir la Santa Comunión en la Iglesia Anglicana?

Sí, todos los bautizados por agua en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, son considerados parte de la Iglesia Universal y pueden comulgar en la Iglesia Anglicana. Se espera que haya arrepentimiento y propósito de enmienda de vida. Que se busque en la Comunión no sólo consuelo sino también fortaleza, no sólo perdón sino también renovación de vida. El mismo Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica Romana enseña en el canon 844, numerales 2 y 3 que: “2: En caso de necesidad, o cuando lo aconseje una verdadera utilidad espiritual, y con tal de que se evite el peligro de error o de indiferentismo, está permitido a los fieles a quienes resulte física o moralmente imposible acudir a un ministro católico recibir los sacramentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los enfermos de aquellos ministros no católicos en cuya Iglesia son válidos esos sacramentos. 3: Los ministros católicos administran lícitamente los sacramentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los enfermos a los miembros de las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la Iglesia católica, si los piden espontáneamente y están bien dispuestos; y esa norma vale también respecto a los miembros de otras Iglesias que, a juicio de la Sede Apostólica, se encuentran en igual condición que las citadas Iglesia orientales, por lo que se refiere a los sacramentos”.

Anglicanismo

¿Qué es la Iglesia Anglicana?

La Iglesia Anglicana es parte de la Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica fundada por Nuestro Señor Jesucristo, dentro de la gran familia de Iglesias que es la Comunión Anglicana, la que está constituida por iglesias autónomas e independientes esparcidas por todo el mundo. En la actualidad la Comunión Anglicana cuenta con unos 100 millones de miembros.

¿Cuál es su objetivo y misión?

Ofrecer a todos los hijos e hijas de Dios, la oportunidad de conocer y de seguir a Cristo, mediante. a) La proclamación de las Buenas Nuevas del Reino, b) La enseñanza, el bautismo y el cuidado espiritual y pastoral a los nuevos creyentes, c) Respondiendo a las necesidades humanas con servicio amoroso, buscando transformar las estructuras injustas de la sociedad e impulsando la protección e integridad de la Creación y renovación de la vida de la Tierra.

¿Es cierto que el rey Enrique VIII fundó la Iglesia Anglicana?

No, lo que pasó en aquellos años fue que la Iglesia en Inglaterra reclamó el derecho antiguo de las Iglesias regionales a autogobernarse en asuntos de ceremonia, costumbres litúrgicas, vestimentas, idioma, disciplina y organización administrativa. No hubo separación, ni ruptura en la doctrina y fe sino sólo una reorganización en la administración siguiendo el antiguo modelo de organización en provincias eclesiásticas: Grupos de Diócesis cada una con sus Obispos y todas bajo un Arzobispo con poderes para resolver diferencias entre diócesis y para aplicar disciplina a los Obispos. Así, bajo el reinado de Enrique VIII la libertad de la Iglesia en Inglaterra se reivindicó frente a los mandatos del Papa, ya que para ese entonces era el final de un largo período de protesta y de agitación en contra de lo que era considerado como la injustificada usurpación por parte de la autoridad papal en contra del Arzobispo Primado de Inglaterra. El deseo de Enrique VIII de anular su matrimonio fue la ocasión propicia y no la causa de la independencia de la Iglesia en Inglaterra. Enrique VIII no fue ni Diácono, Sacerdote u obispo, simplemente fue el Rey de Inglaterra, es decir el nombre que allí toma el gobernante. Desafortunadamente, en muchos textos cometen el error de relacionar OCASIÓN y CAUSA, llevando a la propagación una falsedad al decir que Enrique VIII fundó la Iglesia Anglicana. Actualmente el Cristianismo Anglicano está organizado según el modelo antiguo de la Iglesia Universal: en Diócesis que conforman Iglesias regionales o nacionales con un Arzobispo u Obispo Primado. Por ejemplo: las Diócesis de Argentina (2), Chile (1), Bolivia (1), Paraguay (1), Perú (1) y Uruguay (1), conforman la Iglesia Anglicana del Cono sur de América. Las Diócesis de México (5) conforman la Iglesia Anglicana de México. Todas las Iglesias Anglicanas están en comunión unas con otras sosteniendo como su Primado de Honor a Su Gracia Rowans Williams Carey, Arzobispo de Canterbury, y formando una familia de Iglesias llamada Comunión Anglicana. Hay otros Grupos de Iglesias que no están en comunión con Canterbury, por no aceptar los cambios últimos de la Iglesia Madre. Esto a su vez están divididos en grupos a saber: Iglesia anglicana Tradicional; Iglesia Reformada; Iglesia Católica Anglicana, Holy Catholic Church Anglican Rite y los Padres Anglicanos Misioneros que se han unido en obediencia y misión a la Santa Iglesia Católica Rito Anglicano (HCC-AR).

¿Hay un Papa en la Comunión Anglicana?

No, la Comunión Anglicana está compuesta por varias Iglesias autónomas e independientes, las cuales están presididas por su propio Obispo Primado. El Arzobispo de Cantórbery es el Primado de la Iglesia de Inglaterra y ocupa un puesto de respeto especial para la Comunión Anglicana, pero no ejerce ninguna autoridad sobre las otras Iglesias de la Comunión. La Iglesia Anglicana Tradicional tiene un Primado que es su Gracia Louis W. Falk, la Iglesia Católica Anglicana al Primado Jhon Cahoon. También existe el Arzobispo Primado de la Holy Catholic Church Anglican Rite.

¿Cómo es el gobierno de la Iglesia Anglicana?

Es parlamentario, es sinódico, conciliarista. "Puede decirse que las Iglesias de la Comunión Anglicana son guiadas episcopalmente y gobernadas sinódicamente" (Reporte Virginia 5.11). Estos sínodos o asambleas diocesanas están integrados por delegados, laicos y clericales, todos con voz y voto. En este gobierno, "la expresión práctica del ministerio personal, colegial y comunal del Obispo habrá de verse dentro del gobierno sinodal. En este régimen la tarea de los sínodos es propiamente de consulta, deliberación y legislación". Los Obispos son electos por el voto secreto de laicos y clérigos reunidos en sínodo especial.

 

Doctrina anglicana

¿Qué ofrece al mundo la Iglesia Anglicana?

La Iglesia Anglicana podrá juzgar su desempeño al evaluar los frutos de misión y ministerio en su lucha por la justicia y la paz con miras a la realización de la voluntad de Dios para la humanidad y la creación entera. Con miras al Reino de Dios.

¿Cuáles son las creencias básicas de los anglicanos?

Las creencias básicas de los anglicanos se basan en el Credo de los Apóstoles y el Credo Niceno. El Credo de los Apóstoles es la antigua declaración bautismal de la fe. Este es usado en varios oficios de la Iglesia y dice así: "Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de la Virgen María. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna. Amén". El Credo Niceno se usa en la liturgia de la Santa Eucaristía. Es una amplia declaración de la fe cristiana y es esencialmente igual al El Credo de los Apóstoles. Ambos Credos presentan las creencias principales de la fe Cristiana en una forma dramática y pictórica. Algunas de las frases son definitivamente simbólicas: "Está sentado a la diestra de Dios Padre", por supuesto, no puede ser literalmente verdad. Existen partes con intenciones históricas: nació, fue crucificado, muerto, sepultado, resucitó. Otras secciones son teológicas: "un solo Señor". En gran parte del Credo Niceno, las afirmaciones teológicas y las frases se encuentran en un lenguaje descriptivo que la Iglesia primitiva tomó de sus antepasados judíos.

¿Qué piensan los anglicanos sobre la Santísima Trinidad?

Los anglicanos afirman que la Santísima Trinidad es la enseñanza Cristiana sobre Dios, a la luz de las experiencias humanas y el trabajo de Dios en el mundo. Los cristianos sostienen que Dios es igual a su revelación. Dios es a la vez Creador (Padre), Palabra de Amor (Hijo) y Poder y Animo (Espíritu Santo).

¿Qué creen los anglicanos acerca de Jesucristo?

Los anglicanos, creen que Jesucristo es realmente Dios y hombre, unidos en una sola persona para la salvación de la raza humana. A pesar de las diferentes formas de comprender y de enseñar el dogma cristiano, la realidad central e inmutable doctrina para todos los anglicanos, es Dios.

¿Cuál es el punto de vista anglicano sobre el papel de los santos y la Virgen María?

La Iglesia Anglicana admite que los santos son modelos de una vida ejemplar y de compromiso cristiano. Por ende, recuerda los días dedicados a su memoria y designa sus templos con sus nombres. Para los anglicanos, Dios es el único a quien ofrecemos adoración. Nos sentimos libres para acercarnos directamente a Él en oración mediante Jesucristo, el único mediador entre Dios y el género humano. Sin embargo, somos conscientes del ánimo y apoyo brindados a los cristianos por la comunión de los Santos. La Virgen María, la Madre de Jesucristo (Theotókos), ocupa un sitio especial entre los santos. Por su ejemplo de fe y vida que ha inspirado a tantos cristianos a través de los siglos. Al igual que el resto de los santos, los anglicanos veneran, recuerdan e imitan el modelo de vida de la Virgen María, sabiendo que ella siempre apunta hacia su hijo Jesucristo como objeto de culto y adoración.

 

¿Qué significado tiene la Biblia para los anglicanos?

Para los Anglicanos, las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento son la Palabra de Dios, contienen todas las cosas necesarias para la salvación y son la regla norma última de fe. No obstante, la Iglesia Anglicana conserva un balance entre el EVANGELIO y la TRADICION por un lado, con el uso de la RAZON por el otro. La libertad de investigación, el restablecimiento de la fe cristiana y la incorporación de las verdades científicas son posibles en medio de las fuertes controversias fundamentales del presente. La Iglesia Anglicana ha aceptado la teoría de la evolución, como el período de origen del ser humano y también los otros nuevos descubrimientos científicos sin perturbar la creencia central. Tanto en la libertad de investigación como en la crítica bíblica, la posición de la Iglesia Anglicana ha sido amplia y ha dejado entre sus miembros un lugar para el pensamiento científico y humanista con un énfasis católico y evangélico.

¿Qué significa el Reino de Dios para los anglicanos?

La Biblia nos asegura que al final de la historia, la voluntad de Dios para su obra maestra será cumplida. Esto significa que todos los efectos del pecado serán borrados y el mundo será renovado según los deseos bondadosos de Dios. El Señor reinará unido a su pueblo y con toda su creación. Esta visión de armonía y de alegría se experimenta en varios signos del reino: paz, justicia, abundancia, amor, y perdón. El mayor signo del Reino de Dios es la resurrección de Jesucristo, por el cual reconocemos la victoria de Dios sobre la muerte y el pecado. Es cuestión central para el existir anglicano la búsqueda del bien común en términos de libertad, paz y justicia. Arraigado en la tradición profética de la Biblia, se proyecta al presente en el trabajo por la construcción de una sociedad justa, humana y cristiana. Por esto para los anglicanos la misión de la Iglesia es: a) Proclamar las Buenas Nuevas del Reino. b) Enseñar, bautizar y nutrir a los nuevos creyentes. c) Responder a las necesidades humanas con servicio amoroso. d) Buscar transformar las estructuras injustas de la sociedad e Impulsar la protección e integridad de la Creación y renovar la vida de la Tierra.

¿Qué son los XXXIX Artículos de la Religión Anglicana?

Los Treinta y Nueve Artículos de Religión que expresan la doctrina oficial de la Iglesia Anglicana, fueron preparados en su forma actual en el año 1571, como resultado de un movimiento teológico que abandonó dogmas romanos y abrazó las doctrinas bíblicas de la reforma.

I. DE LA FE EN LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Hay un solo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo, partes o pasiones; de infinito poder, sabiduría y bondad; el creador y conservador de todas las cosas tanto visibles como invisibles. Y en la unidad de esta naturaleza Divina hay tres personas de una misma substancia, poder y eternidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

II. DEL VERBO, O DEL HIJO DE DIOS, QUE FUE HECHO VERDADERO HOMBRE.

El Hijo, que es Verbo del Padre, engendrado del Padre desde la eternidad, verdadero y eterno Dios, de una misma substancia con el Padre, tomó la naturaleza humana en el vientre de la Bienaventurada Virgen de su substancia, de modo que las dos naturalezas Divina y Humana entera y perfectamente fueron unidas en una misma persona para no ser jamás separadas, de lo que resultó un solo Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre; que verdaderamente padeció, fue crucificado, muerto y sepultado para reconciliarnos su Padre, y para ser Víctima no solamente por la culpa original, sino también por todos los pecados actuales de los hombres.

III. DE LA BAJADA DE CRISTO A LOS INFIERNOS.

Así como Cristo murió por nosotros y fue sepultado, así también debemos creer que descendió a los infiernos.

IV. DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO.

Cristo verdaderamente resucitó de entre los muertos, y tomó de nuevo su cuerpo, con carne, huesos, y todas las cosas que pertenecen a la integridad de la naturaleza humana; con la cual él subió al Cielo, y allí está sentado hasta que vuelva a juzgar todos los hombres en el último día.

V. DEL ESPÍRITU SANTO.

El Espíritu Santo, procedente del Padre y del Hijo, es de una misma substancia, majestad, y gloria, con el Padre y con el Hijo, verdadero y eterno Dios.*

VI. DE LA SUFICIENCIA DE LAS SANTAS ESCRITURAS PARA SALVACIÓN.

La Escritura Santa contiene todas las cosas necesarias para la salvación. De modo que cualquiera cosa que ni en ella se lee ni con ella se prueba, no debe exigirse de hombre alguno que la crea como artículo de Fe, ni debe ser tenida por requisito para la salvación. Bajo el nombre de Escritura Santa entendemos aquellos libros Canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento de cuya autoridad nunca hubo duda alguna en la Iglesia.

DE LOS NOMBRES Y NÚMERO DE LOS LIBROS CANÓNICOS

El Génesis

El 1 Libro de las Crónicas

El Éxodo

El 2 Libro de las Crónicas

Levítico

El 1 Libro de Esdras

Números

El 2 Libro de Esdras (Nehemías)

Deuteronomio

El Libro de Ester

Josué

El Libro de Job

Jueces

Los Salmos

Ruth

Los Proverbios

El 1 Libro de Samuel

El Eclesiastés o Predicador

El 2 Libro de Samuel

Los Cantares de Salomón

El 1 Libro de los Reyes

Los 4 Profetas Mayores

El 2 Libro de los Reyes

Los 12 Profetas Menores

Los otros libros -como dice san Jerónimo- los lee la Iglesia para ejemplo de vida e instrucción de las costumbres; con todo, no los aplica para establecer doctrina alguna. Tales son las siguientes:

El 3 Libro de Esdras

Baruc el Profeta

El 4 Libro de Esdras

El Cántico de los tres Mancebos

El Libro de Tobías

La Historia de Susana

El Libro de Judit

De Bel y el Dragón

El Resto del libro de Ester

La Oración de Manasés

El Libro de la Sabiduría

El 1 Libro de los Macabeos

Jesús el Hijo de Sirac

El 2 Libro de los Macabeos

Recibimos y contamos por canónicos todos los Libros del Nuevo Testamento según son recibidos comúnmente.

VII. DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

El Antiguo Testamento no es contrario al Nuevo; puesto que en ambos, Antiguo y Nuevo, se ofrece vida eterna al género humano por Cristo, que es el solo mediador entre Dios y el Hombre, siendo él Dios y Hombre. Por la cual no deben ser escuchados los que se imaginan malamente que los antiguos patriarcas solamente tenían su esperanza puesta en promesas temporales. Aunque la ley de Dios dada a través de Moisés no obliga a los cristianos en lo tocante a ceremonias y ritos, ni deben recibirse necesariamente sus preceptos civiles en ningún estado; no obstante, ningún cristiano está exento de la obediencia a los preceptos que se llaman morales.

VIII. DE LOS TRES CREDOS.

Los tres Credos, el Niceno, el de Atanasio, y el comúnmente llamado de los Apóstoles, deben ser admitidos y creídos enteramente, porque pueden ser probados por el testimonio muy cierto de las Santas Escrituras.

IX. DEL PECADO ORIGINAL O DEL NACIMIENTO.

El Pecado original no consiste en la imitación de Adán (como vanamente propalan los Pelagianos), sino que es el vicio y corrupción de la naturaleza de todo hombre que es engendrado naturalmente de la estirpe de Adán. Por esto el hombre dista muchísimo de la justicia original y es por su misma naturaleza inclinado al mal, de suerte que la carne siempre está contra del espíritu. Por lo tanto, toda persona que nace en este mundo merece la ira divina y la condenación. Esta infección de la naturaleza permanece aun también en los que son regenerados; por cuya causa esta inclinación de la carne (llamada en Griego phronema sarkos, que unos interpretan la sabiduría, otros la sensualidad, algunos la afección y algunos otros el deseo de la carne) no se sujeta a la ley de Dios. Y aunque no hay condenación alguna para los que creen y son bautizados, el Apóstol confiesa que la concupiscencia y mala inclinación tienen de sí mismas naturaleza de pecado.

X. DEL LIBRE ALBEDRÍO.

La condición del hombre después de la caída de Adán es tal, que, por su natural fuerza y buenas obras, ni puede convertirse ni prepararse a sí mismo a la fe e invocación de Dios. Por tanto no tenemos poder para hacer buenas obras gratas y aceptables a Dios, sin que la Gracia de Dios por Cristo nos proceda para que tengamos buena voluntad y obre en nosotros cuando tenemos esa buena voluntad.

XI. DE LA JUSTIFICACIÓN DEL HOMBRE.

Somos tenidos por justos delante de Dios solamente por el mérito de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, por la fe y no por nuestras obras o merecimientos. Por lo cual, es doctrina muy saludable y muy llena de consuelo que somos justificados solamente por la fe, como más largamente se expresa en la Homilía de la Justificación.

XII. DE LAS BUENAS OBRAS.

Aunque las buenas obras que son fruto de la fe, y se siguen a la justificación, no pueden expiar nuestros pecados, ni soportar la severidad del juicio Divino; son, no obstante, gratas y aceptables a Dios en Cristo, y nacen necesariamente de una verdadera y viva fe; de manera que por ellas puede conocerse la fe viva tan evidentemente como se juzga al árbol por su fruto.

XIII. DE LAS OBRAS ANTES DE LA JUSTIFICACIÓN.

Las obras hechas antes la gracia de Cristo y de la inspiración de su Espíritu no son agradables a Dios porque no nacen de la fe en Jesucristo. Tampoco hacen a los hombres dignos de recibir la gracia ni (en lenguaje escolástico) merecen “de congruo” la gracia. Antes bien, no dudamos que tengan naturaleza de pecado, porque no son hechas como Dios ha querido y mandado que se hagan.

XIV. DE LAS OBRAS DE SUPEREROGACIÓN.

Aquellas obras voluntarias no comprendidas en los Mandamientos Divinos —llamadas obras de supererogación— no pueden enseñarse sin arrogancia e impiedad, porque por ellas los hombres declaran que no solamente rinden a Dios todo cuanto están obligados a hacer, sino que por amor suyo hacen más de lo por el deber riguroso les es requerido; siendo que Cristo claramente dice: Cuando hubiereis hecho todas las cosas que os están mandadas, decid: Siervos inútiles somos.

XV. DE CRISTO, EL ÚNICO SIN PECADO.

Cristo en la realidad de nuestra naturaleza fue hecho semejante a nosotros en todas las cosas, excepto en el pecado, del cual fue claramente exento, tanto en su carne como en su espíritu. Vino para ser el Cordero sin mancha que quitase los pecados del mundo mediante el sacrificio de sí mismo hecho una sola vez. Como dice San Juan, no hubo en él pecado. Pero nosotros, todos los demás hombres, aunque bautizados y nacidos de nuevo en Cristo, todavía lo ofendemos en muchas cosas; y, si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros.

XVI. DEL PECADO DESPUÉS DEL BAUTISMO.

No es pecado contra el Espíritu Santo e irremisible todo pecado mortal voluntariamente cometido después del Bautismo. Por lo cual, a los caídos en pecado después del Bautismo no debe negarse la gracia del arrepentimiento. Después de haber recibido el Espíritu Santo, nos podemos apartar de la gracia recibida y caer en pecado y, por la gracia de Dios, levantarnos de nuevo y enmendar nuestras vidas. Por lo tanto, debe condenarse a los que dicen que ya no pueden pecar mientras vivan, o los que niegan que puedan ser perdonados los que verdaderamente se arrepientan.

XVII. DE LA PREDESTINACIÓN Y ELECCIÓN.

La predestinación a la vida es el eterno propósito de Dios, por el cual —antes que fuesen echados los cimientos del Mundo— Él, por su invariable consejo a nosotros oculto, decretó librar de maldición y condenación a los que eligió en Cristo de entre todos los hombres, y conducirlos por Cristo a la Salvación eterna, como a vasos hechos para honor. Por lo cual, los agraciados con ese excelente beneficio de Dios son llamados según el propósito divino por su Espíritu que obra a su debido tiempo; obedecen por gracia la vocación; son justificados gratuitamente; son hechos Hijos de Dios por adopción; son hechos conforme a la imagen de su Unigénito Hijo Jesucristo; viven religiosamente en buenas obras, y finalmente llegan por la Divina misericordia a la eterna felicidad. Por un lado, la consideración piadosa de la predestinación y de nuestra elección en Cristo está llena de un dulce, suave e inefable consuelo para las personas piadosas y quienes sienten en si mismas la operación del Espíritu de Cristo, que va mortificando las obras de la carne y sus miembros terrenales y levantando su mente a las cosas elevadas y celestiales, no sólo porque establece de gran manera y confirma su fe en la salvación eterna que han de gozar por medio de Cristo, sino porque enciende también su amor ferviente hacia Dios: pero, por otro lado, para las personas curiosas y carnales que carecen del Espíritu de Cristo, el tener continuamente delante de sus ojos la sentencia de la predestinación divina es un precipicio muy peligroso, por el cual el diablo los arrastra a la desesperación o la miseria de una vida muy impura que no es menos peligrosa que la desesperación. Además, debemos recibir las promesas divinas del modo que nos son generalmente propuestas en la Escritura Santa y en nuestro actuar seguir aquella Divina Voluntad que tenemos declarada en la palabra de Dios.

XVIII. DEL OBTENER LA SALVACIÓN ETERNA SOLAMENTE POR EL NOMBRE DE CRISTO.

Deben asimismo ser anatematizados aquellos que presumen decir que todo hombre será salvo por la ley o secta que profesa, con tal que sea diligente en conformar su vida con aquella ley y con la luz de la naturaleza. Porque la Escritura Santa nos propone sólo el nombre de Jesucristo por medio del cual únicamente han de salvarse los hombres.

XIX. DE LA IGLESIA.

La Iglesia visible de Cristo es una Congregación de hombres fieles en la cual es predicada la pura Palabra de Dios y los sacramentos son debidamente administrados conforme a la institución de Cristo en todas aquellas cosas que para ellos necesariamente se requieren. Así como las Iglesias de Jerusalén, de Alejandría y de Antioquía erraron, así también ha errado la Iglesia de Roma, no sólo en cuanto a la práctica, ritos y ceremonias; sino también en materias de fe.

XX. DE LA AUTORIDAD DE LA IGLESIA.

La Iglesia tiene poder para decretar ritos o ceremonias y autoridad en las controversias de fe. Sin embargo, no es lícito a la Iglesia ordenar cosa alguna contraria a la Palabra de Dios escrita, ni puede exponer un pasaje de la escritura de modo que contradiga a otro. Por lo cual, aunque la Iglesia sea testigo y custodio de los Libros Santos, sin embargo, así como no es licito decretar nada contra ellos, igualmente no debe presentar cosa alguna que no se halle en ellos para que sea creída como necesaria para la salvación.

XXI. DE LA AUTORIDAD DE LOS CONCILIOS GENERALES.

No pueden congregarse Concilios Generales sin el mandamiento y autoridad de los Primados o Arzobispos; y cuando están congregados, (como son una junta de hombres en la que no todos son gobernados por el Espíritu y Palabra de Dios), ellos pueden errar —y algunas veces han errado— aún en las cosas pertenecientes a Dios. Por lo cual, las cosas ordenadas por ellos como necesarias para la salvación no tienen fuerza ni autoridad, a no ser que pueda evidenciarse que fueron sacadas de las Santas Escrituras.

XXII. DEL PURGATORIO..

La doctrina romana concerniente al purgatorio, indulgencias, veneraciones y adoración, así de imágenes como de reliquias, y la invocación de los santos, es una cosa tan fútil como vanamente inventada, que no se funda sobre ningún testimonio de las Escrituras, sino más bien repugna a la Palabra de Dios.

XXIII. DEL MINISTRAR EN LAS IGLESIAS.

No es lícito a hombre alguno tomar sobre sí el oficio de la predicación pública, o de la administración de los sacramentos de la Iglesia, sin ser antes legítimamente llamado y enviado a ejecutarlo. Debemos juzgar por legítimamente llamados y enviados los que fueron escogidos y llamados a esta obra por los hombres que tienen autoridad pública concedida por la Iglesia para llamar y enviar ministros a la viña del Señor.

XXIV. DEL HABLAR EN LA IGLESIA EN LENGUA QUE ENTIENDE EL PUEBLO.

Celebrar el culto divino en la Iglesia o administrar los sacramentos en lengua que el pueblo no entiende, es una cosa claramente repugnante a la Palabra de Dios y a la costumbre de la Iglesia primitiva.

XXV. DE LOS SACRAMENTOS.

Los sacramentos instituidos por Cristo no solamente son señales de la profesión de los Cristianos, sino más bien testimonios ciertos y signos eficaces de la Gracia y buena voluntad de Dios hacia nosotros, por las cuales obra Él invisiblemente en nosotros, y aviva no sólo nuestra fe, sino que también la fortalece y confirma. Dos son los sacramentos ordenados por nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio, a saber: el Bautismo y la Cena del Señor. Aquellos otros cinco comúnmente llamados sacramentos, a saber: confirmación, penitencia, orden, matrimonio y extremaunción, no deben reputarse sacramentos del Evangelio, habiendo en parte emanado de una imitación pervertida de los Apóstoles, y siendo en parte estados de vida aprobados en las Escrituras; pero que no tienen la esencia de sacramentos, como la tienen el Bautismo y la Cena del Señor, porque carecen de signo alguno visible o ceremonia ordenada de Dios. Los sacramentos no fueron instituidos por Cristo para ser mirados o llevados en procesión, sino para que los usásemos debidamente. Solamente producen el efecto saludable en aquellos que los reciban dignamente; pero los que indignamente los reciben adquieren para sí mismos condenación, como dice san Pablo.

XXVI. QUE LA INDIGNIDAD DE LOS MINISTROS NO IMPIDE EL EFECTO DE LOS SACRAMENTOS.

Aunque en la Iglesia visible están siempre los malos mezclados con los buenos, —y alguna vez los malos tengan autoridad superior en el Ministerio de la Palabra y de los sacramentos—; con todo, como no lo hacen en su propio nombre, sino en el de Cristo, administrándolos por comisión y autoridad de él, nosotros nos valemos de su ministerio debidamente, oyendo la Palabra de Dios y recibiendo los sacramentos. Ni el efecto de la institución de Cristo se frustra por su iniquidad, ni la gracia de los dones divinos se disminuye con respecto a aquellos que con fe y rectamente reciben los sacramentos que les administran; los cuales son eficaces a causa de la institución y promesa de Cristo, aunque sean administrados por los malos. Pertenece, empero, a la disciplina de la Iglesia el que se inquiera sobre los malos ministros, que sean acusados por los que tengan conocimiento de sus crímenes; y que, hallados finalmente culpables, se disponga de ellos a través de un justo juicio.

XXVII. DEL BAUTISMO

El Bautismo no solamente es signo de profesión y nota de distinción con la que se diferencian los cristianos de los no cristianos; sino que es también signo de la regeneración, por el cual, como por instrumento, los que reciben rectamente el Bautismo son injertados en la Iglesia, las promesas de la remisión de los pecados y de nuestra adopción como Hijos de Dios por el Espíritu Santo, son visiblemente selladas, la fe es confirmada, y la gracia aumentada por virtud de la oración a Dios. El Bautismo de niños debe conservarse enteramente en la Iglesia, como muy conforme con la institución de Cristo.

XXVIII. DE LA CENA DEL SEÑOR

La Cena del Señor no es solamente signo del amor mutuo que los cristianos deben tener entre sí; sino más bien un sacramento de nuestra redención por la muerte de Cristo: de modo que para los que recta y debidamente y con fe la reciben, el pan que partimos es la participación del cuerpo de Cristo, y del mismo modo la copa de bendición es la participación de la sangre de Cristo. La transubstanciación —o la mutación de la substancia— del pan y del vino en la Cena del Señor, no puede probarse por las Santas Escrituras: más bien repugna a las palabras terminantes de los Libros Sagrados, trastorna la naturaleza de sacramento, y ha dado ocasión a muchas supersticiones. El Cuerpo de Cristo se da, se toma, y se come en la Cena de un modo celestial y espiritual únicamente; y el medio por el cual el Cuerpo de Cristo se recibe y se come en la Cena es la fe. El Sacramento de la Cena del Señor ni se reservaba, ni se llevaba en procesión, ni se elevaba, ni se adoraba, en virtud de mandamiento de Cristo.

XXIX. DE LOS IMPÍOS; QUIENES NO COMEN EL CUERPO DE CRISTO EN LA CENA DEL SEÑOR.

Los impíos y los que no tienen fe viva, aunque compriman carnal y visiblemente con sus dientes, —como dice San Agustín— el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, no por eso son en manera alguna participantes de Cristo: antes bien, para su condenación, comen y beben el signo o sacramento de una cosa tan grande.

XXX. DE LAS DOS ESPECIES.

La Copa del Señor no debe negarse a los laicos; pues que ambas partes del Sacramento del Señor, por institución y mandato de Cristo, deben administrarse igualmente a todos los cristianos.

XXXI. DE LA ÚNICA OBLACIÓN DE CRISTO CONSUMADA EN LA CRUZ.

La oblación de Cristo hecha una sola vez, es la perfecta redención, propiciación y satisfacción por todos los pecados —tanto original como actual— de todo el mundo. No hay otra satisfacción por los pecados, sino ésta únicamente. Y así los sacrificios de las misas —en las que se decía comúnmente que el presbítero ofrecía a Cristo en remisión de la pena o culpa por los vivos y los difuntos— son fábulas blasfemas y engaños perniciosos.

XXXII. DEL MATRIMONIO DE LOS PRESBÍTEROS.

Ningún precepto de ley divina manda a los obispos, presbíteros y diáconos vivir en el estado de celibato o abstenerse del matrimonio. Al igual que a los demás cristianos, les es lícito también contraer a su discreción el estado del matrimonio, si juzgan que así les conviene mejor para la piedad.

XXXIII. COMO DEBEN EVITARSE LAS PERSONAS EXCOMULGADAS

La persona que por pública denuncia de la Iglesia es separada de la unidad de la Iglesia y debidamente excomulgada, debe ser reputada como pagana y publicana por todos los fieles, mientras por medio de penitencia no sea reconciliada públicamente y recibida en la Iglesia por un juez competente.

XXXIV. DE LAS TRADICIONES DE LA IGLESIA

No es necesario que las tradiciones y ceremonias sean en todo lugar las mismas o totalmente parecidas, porque en todos los tiempos eran diversas, y pueden mudarse según la diversidad de países, tiempos y costumbres, con tal que en ellas no se establezca nada contrario a la Palabra de Dios. Cualquiera que por su privado juicio voluntaria e intencionalmente quebrante en forma manifiesta aquellas tradiciones y ceremonias de la Iglesia que no son contrarias a la Palabra de Dios y que están ordenadas y aprobadas por la autoridad pública, debe, para que teman otros hacer lo mismo, ser públicamente reprendido como perturbador del orden publico de la Iglesia, como despreciador de la autoridad del magistrado, y como alguien que vulnera las conciencias de los hermanos débiles. Toda Iglesia particular o nacional tiene autoridad para instituir, mudar o abrogar las ceremonias o ritos eclesiásticos instituidos únicamente por la autoridad humana, con tal que todo se haga para edificación.

XXXV. DE LAS HOMILÍAS.

El segundo tomo de las homilías, cuyos títulos hemos reunidos al pie de este Articulo, contiene una doctrina piadosa, saludable y necesaria para estos tiempos, e igualmente el primer tomo de las homilías publicadas en tiempo del Rey Eduardo Sexto, y por lo tanto juzgamos que deben ser leídas por los Ministros diligentemente y con claridad en las Iglesias, para que el pueblo las entienda.

NOMBRES DE LAS HOMILÍAS:

  1. Del recto uso de la Iglesia
  2. Contra el peligro de la idolatría
  3. De la reparación y aseo de las Iglesias
  4. De las buenas obras; y del ayuno en primer lugar
  5. Contra la glotonería y embriaguez
  6. Contra el lujo excesivo de vestido
  7. De la oración
  8. Del lugar y tiempo de la Oración
  9. Que las Oraciones públicas y los Sacramentos deben ministrarse en lengua conocida
  10. De la respetuosa estima de la Palabra de Dios
  11. Del hacer limosnas
  12. De la Navidad de Cristo
  13. De la Pasión de Cristo
  14. De la Resurrección de Cristo
  15. De la digna recepción del Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo
  16. De los dones del Espíritu Santo
  17. Para los días de rogativa
  18. Del estado de matrimonio
  19. Del arrepentimiento
  20. Contra la ociosidad
  21. Contra la rebelión

 

XXXVI. DE LA CONSAGRACIÓN DE LOS OBISPOS Y MINISTROS

La forma de la consagración, ordenación e institución de los Obispos, Presbíteros y Diáconos según el rito de la Iglesia de Inglaterra publicada junto con el Libro de Oración Común de 1662 contiene todas las cosas necesarias a tal consagración y ordenación y nada hay en ella que sea esencialmente supersticioso o impío; Y por tanto, quienes hayan sido consagrados u ordenados según los ritos de aquel libro o según ritos equivalentes, son y serán consagrados y ordenados recta, ordenada y lícitamente.

 

XXXVII. LA AUTORIDAD CIVIL

El Jefe del Estado tiene autoridad suprema en su país. Él no es responsable por el Ministerio de la Palabra de Dios y los Sacramentos, sino por el gobierno justo de todos los que están encomendados a su cargo, para refrenar toda maldad y mantener el orden, y para guardar la libertad de culto de todos los ciudadanos. Los cristianos tienen libertad para tomar las armas en el servicio de su patria.

XXXVIII. QUE LOS BIENES DE LOS CRISTIANOS NO SON COMUNES

Las riquezas y los bienes de los cristianos no son comunes en cuanto al derecho, titulo y posesión, como falsamente se jactan ciertos anabaptistas. Pero todas deben dar a los pobres liberalmente limosna de lo que poseen, según sus posibilidades.

XXXIX. DEL JURAMENTO DEL CRISTIANO

Así como confesamos estar prohibido a los cristianos por nuestro Señor Jesucristo, y por su apóstol Santiago, el juramento vano y temerario; así también juzgamos que la religión cristiana de ningún modo prohíbe que uno jure cuando lo exige la autoridad civil en causa de fe y caridad, con tal que esto se haga según la doctrina del Profeta, en justicia, en juicio y en verdad.

 

Liturgia                                  

¿Qué es el Libro de Oración Común?

En el tiempo de la reforma inglesa los viejos libros de culto utilizados en la Iglesia se tradujeron del latín al inglés. Algunos de los oficios fueron combinados y editados; otros resultaron acortados y simplificados. El producto fue el LIBRO DE ORACION COMUN publicado en 1549. Todos los libros de oración más recientes, son revisiones del libro original, cuya belleza, estilo literario, sencillez y dignidad son de gran valor. El Libro de Oración Común de 1928 se puede usar sin equivocación ni duda. Sectores de la Iglesia Anglicana están trabajando en la creación de una auténtica Liturgia Anglicana para cada nación, que incorpore ritos y ceremonias litúrgicas propias de la religiosidad popular del lugar y que respete la verdad de Dios en su Palabra Santa. Los anglicanos creemos que una liturgia con partes asignadas para el clérigo y los laicos es la forma propicia para adorar a Dios. Se hacen revisiones frecuentes que responden a la realidad actual, conservando los principios del culto Anglicano. El culto de la Iglesia Anglicana es flexible.

¿Practicamos los anglicanos la confesión?

Si, los anglicanos practicamos la confesión de los pecados y la declaración de absolución hecha por el sacerdote, puesto que hay una liturgia en el Libro de Oración Común para este fin. Esto no es obligatorio; es enteramente opcional. Algunos se valen de este privilegio frecuentemente y otros ocasionalmente, pero la mayoría sólo usa la confesión general y la absolución que está provista en los oficios regulares de la Iglesia; sin embargo, se recomienda la confesión auricular y privada con el sacerdote.

¿Qué son los Sacramentos para los anglicanos?

Los Sacramentos son actos externos y visibles otorgados por Cristo para darnos gracia interna y espiritual. Esta gracia perdona nuestros pecados, ilumina nuestra mente, conmueve nuestro corazón y nos fortalece. Los dos grandes Sacramentos son: El Santo Bautismo: nos hacemos hijos de Dios y miembros de la Iglesia. La Santa Eucaristía: es la celebración del memorial perpetuo de la vida, muerte y resurrección de Jesús hasta que vuelva por segunda vez en poder y gloria. Los otros cinco Sacramentos son Ritos sacramentales guiados por el Espíritu Santo, recomendados por la Iglesia y representan el amor de Dios hacia nosotros en los instantes más importantes de nuestra vida cristiana. La Confirmación es cuando nos entregamos a Cristo, reafirmamos nuestros votos bautismales y recibimos la fortaleza del Espíritu Santo. La Ordenación es una bendición especial que da Autoridad Eclesiástica y Gracia Espiritual a ciertos cristianos al hacerse Obispos, sacerdotes y Diáconos de la Iglesia. Estos tres Ministerios son solo para los varones (actualmente existe una discrepancia con los episcopalianos de Estados Unidos y Canadá, sobre el tema de la ordenación de mujeres al sacerdocio y al episcopado). El Santo Matrimonio es el enlace cristiano bendecido por Dios para ayudar a cumplir con los votos matrimoniales entre un varón y una mujer (en algunas Diócesis Episcopalianas se ha permitido la unión de parejas del mismo genero, lo cual ha traído una situación crítica en el seno de la Iglesia Anglicana). La Reconciliación de un penitente es un medio por el cual la persona arrepentida confiesa sus pecados a Dios ante un sacerdote y recibe palabras de perdón. La Unción de los Enfermos nos ayuda a sentir ese amor y la presencia de Dios reanimándonos y confortando nuestro espíritu, mente y cuerpo.

¿Cuál es el acto central y culto principal de los anglicanos?

La Santa Eucaristía (también llamada Misa, Santa Cena o Santa Comunión) donde al compartir el pan y el vino se comparte y recibe real y verdaderamente el Cuerpo y Sangre de Cristo.

Ministros

¿Qué lugar ocupan las mujeres en la Iglesia Anglicana?

La Iglesia Episcopal Comunión Anglicana se equivocó al aceptar a las mujeres al Sacramento del Orden Sacerdotal y Diaconal (incluso en la actualidad al Episcopado) y aunque ya esta Iglesia tiene mujeres como Obispas, los Guardianes de la verdad, hacen esfuerzos por destruir este mal que entró en la Iglesia de Cristo. La ley Canónica Episcopal acepto la ordenación de mujeres y declaró que las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres. La Iglesia Católica Anglicana (ACC), La Santa Iglesia Católica Rito Anglicano (HCC-AR), y la Iglesia Anglicana Tradicional (TAC), La Iglesia anglicana en America (ACA), y otros grupos, no aceptamos la Ordenación de Mujeres pues esta práctica reciente destruyo la Tradición de la iglesia de Cristo. Los Padres Anglicanos misioneros tampoco aceptan la Ordenación de Mujeres y menos el Matrimonio entre personas del mismo sexo; antes por el contrario, seguimos las enseñanzas bíblicas que permiten el matrimonio de los clérigos (hombre con mujer; mujer con hombre) Cf. 1 Timoteo 3:1-2.12; Tito 1:5-6.

 

¿Quiénes son los Ministros de la Iglesia Anglicana?

Cada miembro participa en el ministerio de la Iglesia, representando a Cristo en el mundo y proclamando el Evangelio de diversas maneras. Los laicos colaboran en la vida, culto y gobierno de la Iglesia. El clero de la Iglesia está formado por los varones (Comunión Anglicana tradicional), y mujeres (para los Episcopales), ordenados (Obispos, sacerdotes-presbíteros y Diáconos). Todos pueden casarse si así lo desean. Pues en ningún versículo de la Biblia, se prohíbe el Matrimonio a los sacerdotes, eso es un invento de hombres para hombres. Los Obispos, son los sacerdotes principales y pastores de su Diócesis; velan por la fe, la unidad y la disciplina de la Iglesia; administran la confirmación y ordenan a otros cristianos varones para que continúen el Ministerio de Cristo. Los sacerdotes representan al Obispo a nivel local, administrando los sacramentos, la bendición y la absolución. Los Diáconos son los servidores de los necesitados. Ellos ayudan a los Obispos y a los sacerdotes en la proclamación del Evangelio y en la administración de los sacramentos. En la Iglesia Anglicana hay algunos varones y mujeres que toman los votos de pobreza, castidad y obediencia como frailes y monjas.

¿Por qué se casan los Ministros Anglicanos?

Porque el celibato sacerdotal es un asunto de disciplina eclesiástica, impuesto en el Concilio de Elvira; y no de doctrina bíblica ni de revelación alguna. Por esto es que los sacerdotes se puedan casar o no y esto es asunto de cada Iglesia local y de cada quien según sienta el llamado de Dios a su vida espiritual.

¿Existen monjes, monjas y frailes anglicanos?

Sí, hay órdenes benedictinas y franciscanas, por ejemplo. En las órdenes monásticas Anglicanas se vive en comunidad, compartiendo los bienes materiales y orando en común. Hay varias casas monacales, monasterios, donde hay monjes que viven según la regla de San Benito de Nursia, conventuales, donde hay frailes viviendo según la regla de San Francisco, y abadías alrededor del mundo.

Anglicanos

¿Qué significa ser anglicano?

Ser anglicano significa conocer, vivir y seguir a Cristo en una Iglesia donde existe el respeto a toda opinión, a toda manera de vivir y experimentar a Cristo. En todo el mundo hay Iglesias Anglicanas que comparten una misma tradición que surgió en la Iglesia de Inglaterra. Todas nuestras Iglesias se autogobiernan: La Iglesia japonesa, (Llamada la Santa Iglesia Católica del Japón), la Iglesia Anglicana del Canadá y la Iglesia Episcopal del Brasil. Las Iglesias Anglicanas usan el Libro de Oración Común (LOC), y algunas están en Comunión con el Arzobispo de Cantórbery. La Iglesia Anglicana en América, la Iglesia Anglicana Unida, la Santa Iglesia Católica Rito Anglicano, la Iglesia Anglicana Tradicional y la Iglesia Católica Anglicana no están en comunión con Canterbury, por los cambios que se introdujeron en la Iglesia de Inglaterra de Ordenar mujeres al sacerdocio y en algunos casos casar personas del mismo sexo.

 

¿Es cierto que la mayoría de los anglicanos son ingleses?

No. La mayoría de los anglicanos son actualmente de todas las razas, su lengua materna fue el inglés y están en el tercer mundo. Nadie piensa que los Católicos Romanos sean solamente los italianos.

¿Por qué los anglicanos deben asistir a la Iglesia los domingos?

Los anglicanos deben asistir a la Iglesia los domingos porque éste es el sitio señalado para alabar, adorar, cantar y ofrendar a Dios. En la Iglesia nos reunimos con nuestros hermanos cristianos para escuchar y predicar su palabra, gozar de su presencia, estudiar sus designios, reconocer su santidad, recordar la muerte y resurrección de Jesús, promover la amistad, la paz, el amor, la igualdad, la libertad y la justicia. Al estar en la Iglesia oramos y nos acercamos más a Dios por el hecho de que éste es el lugar en donde se nos permite recibir el Sacramento de su Cuerpo y Sangre para fortalecernos y nutrirnos. Debemos ir a la Iglesia para crecer espiritualmente, aprender a valorar y a dar gracias a Dios por la riqueza de la Santa Eucaristía que El nos entrega todos los domingos.

¿Qué se espera de los miembros de la Iglesia Anglicana?

Se espera que cada miembro de la Iglesia Anglicana trate de formar su vida según el modelo de la madurez de Cristo, luchando por la paz y la justicia entre todos y respetando la dignidad de todo ser humano, que se reunirá con la Iglesia para el culto comunitario y que trabajará, orará y ofrendará para la extensión del Reino de Dios. El diezmo (la décima parte de lo que recibimos) es la ofrenda normativa de la Iglesia Anglicana y se espera que cada miembro lo acepte como práctica o meta.

¿Por qué los anglicanos bautizan niños?

Porque el Bautismo de Juan el Bautista no fue un bautismo cristiano sino judío y era sólo un bautismo de arrepentimiento, de conversión. En cambio el bautismo cristiano que se instituyó luego de la resurrección de Cristo es para recibir la Gracia, poder transformador de Dios que nos ayuda a hacer la voluntad de Dios. Por esto los niños sí pueden y deben ser bautizados como se hace desde la época de los mismos Apóstoles según el libro de los Hechos de los Apóstoles donde se relata que familias enteras eran bautizadas. Además por medio del Bautismo cristiano (no el de Juan el Bautista), el niño y/o el adulto son recibidos y hechos miembros del Cuerpo de Cristo, miembros de su Iglesia. Aunque más tarde los cristianos bautizados cuando niños podrán y deberán reafirmar en el rito de la Confirmación, sus votos bautismales hechos en su nombre por sus padrinos cristianos una vez que sean adultos, estos niños ya habrán gozado de los bendiciones dadas en el bautismo.

Iglesia Anglicana en el mundo

¿Qué es la Iglesia Anglicana en el mundo?

La Iglesia Anglicana en el mundo, es parte de la Comunión Anglicana de Iglesias, la cual está compuesta por Iglesias esparcidas por todo el mundo. En la actualidad la Comunión Anglicana cuenta con unos cien (100) millones de miembros.

¿Cuáles son los orígenes de la Iglesia Anglicana Latina?

Sí, en Latinoamérica, hubo desde siempre intentos de reforma religiosa, pero se vieron limitados por la Inquisición. La formalización de la reforma religiosa tuvo que esperar hasta el siglo XIX con la organización de este movimiento en lo que ahora se llama Iglesia Anglicana, continuadora legítima de la mejor tradición del catolicismo, dentro del cristianismo católico reformado en América. En los antecedentes históricos de la Iglesia Anglicana, se halla, junto a los principios de la reforma religiosa inglesa, el erasmismo que llegó con la primera misión franciscana y se insertó en la religión institucional con Fray Juan de Zumárraga. También están las comunidades de base y otras experiencias autogestivas herederas de Miguel Hidalgo (influenciado por ideas de la reforma inglesa), Fray Servando de Teresa y Mier (quien predicara en templos Anglicanos en Inglaterra), y Fray Bartolomé De Las Casas. Esta tradición liberal del catolicismo, se mantuvo viva hasta que en el siglo XIX hubo sacerdotes y laicos que optaron por abandonar las estructuras visibles del catolicismo romano pero, desde luego, sin abandonar el catolicismo en sí. Entonces la semilla de la reforma, eclosiona y se concreta en la Iglesia. De su relación con el Anglicanismo, la Iglesia recibió una teología y liturgia ya maduras con raíces en el cristianismo histórico.

Temas de interés

¿Qué opinión tiene la Iglesia Anglicana sobre la sexualidad responsable?

En general los anglicanos ven a la sexualidad humana como don divino que ha de ejercerse responsablemente. Por ello no se oponen a que las personas se protejan contra enfermedades y para prevenir resultados no previstos. De igual manera, los anglicanos en general piensan que el papel de la Iglesia es sólo de guía y que la vida personal debe respetarse.

¿Existe el divorcio en la Iglesia Anglicana?

No. La Iglesia Anglicana no divorcia, simplemente cuando un matrimonio ha terminado por sí mismo o ha sido diluido por los ex-cónyuges, la Iglesia Anglicana, después de la debida investigación, reconoce el hecho y es sólo entonces que declara la terminación de ese matrimonio (declara o certifica que ha terminado). Es decir, existe el reconocimiento de que si el matrimonio no se vive, entonces puede morir. Es decir, un Obispo Anglicano puede certificar que un matrimonio ya se ha terminado, de la misma manera en que un médico forense certifica que alguien ha muerto. El médico sólo certifica pero no puede matar al que ya está muerto. Una vez que el Obispo Anglicano certifica que un matrimonio ya se terminó, puede otorgar permiso a los ex-cónyuges para que se puedan casar en segundas nupcias.

¿Cuál es la postura no oficial de la Iglesia anglicana sobre el aborto?

La Iglesia anglicana, evita que sus feligreses lleguen al aborto porque defiende la vida como un don de Dios. Promueve y favorece la educación sexual; hay información abierta y sin dogmatismos sobre los diversos métodos de control natal. La mejor forma de planificar, es la castidad y la fidelidad y el hombre y la mujer, deben saber siempre que es imagen de Dios y que su cuerpo es templo del Espíritu Santo.

Desafíos de la Iglesia Anglicana en el Mundo Actual

El desafío de enseñar y vivir las Sagradas Escrituras

Las Iglesias anglicanas comprometidas con su fe católica y apostólica; y fieles a la sana doctrina fundamentada en las Sagradas Escrituras, lanzan al mundo su gran desafío: “Muéstranos que hay algo claramente expuesto en la Escritura Sagrada, que nosotros no enseñemos, y lo enseñaremos. Muéstranos que hay algo en nuestra enseñanza y práctica claramente contrario a la Sagrada Escritura, y lo abandonaremos”. En ninguna otra Iglesia de ninguna otra parte del mundo es leída la Biblia en el culto público con tanta regularidad y orden, y en dosis tan cuantiosas como en la Comunión Anglicana de Iglesias.

Fundamentación bíblica: Is.61:1; Mt. 3:1; 4:17.23; 9:35; 10:7; 11:1; 26:13; Mc. 1:4.38; 2:2; 6:12; 16:15.20;Lc. 3:3; 8:1; 9:2;24:47; Hech. 5:42; 8:5; 9:20; 10:42; 17:18; 28:31; Rom. 2:21; 10:14-15; 15:20; 1Cor. 1:17. 23; 2Cor. 4:5; 11:4; Gál. 1:23; 5:11; Filp. 1:15; 1Tes. 2:9; 1Tim. 3:16; 5:17; 2Tim. 4:2; 1Pe. 1:12; 3:19; 4:6.

El desafío de la Misión Mundial

Sigue siendo necesario responder a la Gran Comisión de Jesucristo con un compromiso a la evangelización y al cuidado pastoral que va más allá de nuestra propia cultura. El mandato de Jesucristo de predicar el Evangelio por todo el mundo, de hacer discípulos y plantar Iglesias, sigue estando vigente. La misión debe caracterizarse por el servicio.  Cristo y su salvación deben ser proclamados en todo lugar, con sensibilidad pero enérgicamente, tanto en nuestro país como en el extranjero. La misión transcultural tiene que ser apoyada con oración, generosidad y ofrendas y enviando misioneros. La misión  global involucra fraternidad e intercambio.

Fundamentación bíblica: Mt. 28:19-20, Mc. 16:15, Lc. 10:2, Rom. 15:23-24, 1Cor. 2:4-5, 9:22-23, 2Cor. 4:5, 8:1, 4, 7, Ef. 6:19-20, Fil. 2:5-7,1 Tes. 1:6-8.

El  desafío a la acción social

El Evangelio constriñe a la Iglesia a ser “sal” y “luz” en el mundo y a mostrar coherencia en su vida diaria y en las enseñanzas bíblicas para que se ordene correctamente la vida social, económica y política y para que haya una buena mayordomía de toda la creación. Los cristianos deben preocuparse por la causa de la justicia social y por hacer actos de compasión y misericordia cristiana, especialmente optando por el servicio a los más pobre e indefensos. A pesar de que no se puede identificar ningún sistema social con el Reino de Dios, la acción social es parte integral de nuestra obediencia al Evangelio.

Fundamentación bíblica: Gén. 1:26-28, Is. 30:18, 58:6-10, Am. 5:24, Mt. 5:13-16, 22:37-40. 25:31-46, Lc. 4:17-21, Jn. 20:21, 2Cor. 1:3-4, Stg. 2:14-26, 1Jn. 4:16, Ap.1:5-6, 5:9-10. Ver Artículo XXXVIII.

El desafío de los patrones de la conducta sexual

Dios diseñó la sexualidad humana no sólo para la procreación sino también como una expresión gozosa del amor que se expresa en la fidelidad entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio. Esta es la única relación sexual que la teología bíblica considera buena y santa. El adulterio, la fornicación y las uniones homosexuales son intimidades contrarias al diseño y propósito de Dios. Los cristianos, que como todos, luchan contra las tentaciones sexuales, deben buscar cómo recibir y ministrar la sanidad integral que tanto necesitamos en una humanidad sexualmente lastimada. La homofobia y toda clase de hipocresía y abuso sexual son males y contra ellas los cristianos deben estar siempre en guardia. La Iglesia no puede rebajar los patrones divinos de conducta sexual para ninguno de sus miembros, sino más bien buscar cómo honrar a Dios apoyando esas normas tenazmente, hasta oponerse con coraje a las desviaciones de las mismas que se aceptan en la sociedad. Cada congregación local tiene que buscar las maneras de responder a las necesidades específicas de amistad y comunidad que tienen los solteros.  

Fundamentación bíblica: Gén. 1:26-28, 2:21-24, Mt. 5:27-32, 19:3-12, Lc. 7:36-50,  Jn. 8:1-11, Rom. 1:21-28, 3:22-24, 1Cor. 6:9-11, 13-16, 7:7, Ef. 5:3, 1 Ti.1:8.11, 3:2-4, 12.

El desafío de la familia y el llamado al celibato en los solteros

El amor, la intimidad, el crecimiento hacia la madurez, la estabilidad de la mujer, el hombre y los niños, todos reciben su orientación divina a través de la familia nuclear. El divorcio, el abuso de menores, la violencia doméstica, la violación, la pornografía, el ausentismo de padres, la dominación sexista, el aborto, el concubinato y las parejas homosexuales, todos reflejan el debilitamiento del ideal de la familia. Los cristianos anglicanos tenemos que fortalecer la vida familiar mediante la enseñanza, el entrenamiento, el apoyo activo y el trabajo a favor de las condiciones sociopolíticas que apoyan a la familia. Las familias donde hay un solo padre y las víctimas de los hogares destrozados tienen necesidades específicas a las cuales las congregaciones locales tienen que responder con sensibilidad y compasión. El celibato es también digno de respeto como un don de Dios y una vocación santa. Los solteros reciben con el llamado la gracia de Dios para vivir en castidad.

Fundamentación bíblica: Sal. 119:9-11, Prov. 22:6, Mt. 5:31-32, Mc. 10:6-9, 1 Cor.6:9-11; 7:25-28; Ef. 5:21, 6:4, Col. 3:18-21, Jn. 3:14-15; 1Tim. 3:1-2.12; Tit. 1:5-6.

El desafío de la unidad eclesial

Ante las diferencias teológicas, que sean suscitado en la Comunión de Iglesia Anglicanas en el mundo actual, se hace necesario hacer una revisión profunda de los elementos que en ella, constituyen la verdadera unidad eclesial; y denunciar con valentía aquellos elementos que se han infiltrado y que lejos de contribuir al bienestar eclesial, permiten un lugar al diablo para las desviaciones doctrinales y morales. En todo caso, se ha de defender la sana doctrina del evangelio de Jesucristo.

Fundamentación bíblica: 1Tim.3:7; 4:12; 6:11-12; 2Tim. 1:6.13-14; 2:3; 4:2.56.

El desafío ecuménico

La Iglesia Anglicana está llamada a continuar el diálogo ecuménico e interreligioso con aquellas iglesias históricas que constituyen la unidad, santidad, catolicidad, apostolicidad de la Iglesia fundada por Jesucristo. Este diálogo debe realizarse entre hermanos, sin agendas ocultas, con mucha humildad y con sinceridad. La unidad de los cristianos es querida y deseada por Cristo.

Fundamentación bíblica: Efes. 4:3.13;  Jn. 17:11.21; 1Cor. 8:6; Gál. 3:28.

El desafío del Matrimonio de los Sacerdotes y su Familia

La Iglesia Anglicana, tradicionalmente ha enseñado, que el origen del matrimonio y la familia fue establecido y bendecido por Dios-Creador desde el principio de todas las cosas terrenales visibles. Así está escrito: “por eso dejará el HOMBRE a su padre y a su madre y se unirá a su MUJER, y ya no serán dos, sino una sola carne”. Este orden y esta unión no pudieron ser contravenidas ni por el pecado ni por el castigo del diluvio. Jesucristo elevó está unión conyugal a la categoría sacramental cuado expresó: “Lo que Dios ha unido, no lo separé el hombre” El matrimonio de los sacerdotes es autorizado en la Comunión Anglicana de Iglesias, tal y como lo establece la Sagrada Escritura: “marido de una sola mujer”, sin que esto vaya en contra del sacerdocio célibe recomendado también por la Sagrada Escritura: “Acerca de la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor. Pero hago una advertencia, como quien, por la misericordia del Señor, es digno de confianza. Considero que, por las dificultades del tiempo presente, lo mejor para el hombre es vivir sin casarse” El sacerdote casado debe “amar a sus esposas como a su propio cuerpo”. Este es un consejo sencillo, pero muy práctico. La Sagrada Escritura también manda al esposo que “honré a su esposa”. Para ello, ha de mostrarle consideración especial, lo que abarca ser tierno y comprensivo e infundir un sentido de seguridad. Así mismo, ha de apreciar sus opiniones y escucharla. La esposa del sacerdote debe tener “profundo respeto a su esposo”. La esposa contribuye a que el matrimonio y la familia sean felices si ayuda a su esposo sacerdote a desempeñar sus serias responsabilidades pastorales y familiares. Este proceder se conforma a los deseos de Dios, que desde el principio le dio la mujer para que fuera “una ayudante, como complemento de él” La Iglesia Anglicana recomienda a los cónyuges (Clérigos-Esposas) que deben mantener “la fidelidad de las relaciones entre esposos”. Sin duda la vida conyugal y familiar sale ganando con la fidelidad matrimonial. El adulterio suele destrozar a los matrimonios y a las familias. Por ello, la Sagrada Escritura da esta sabia admonición: “Goza con la esposa de tu juventud…, no te deleites con una extraña”. También recomienda a los sacerdotes casados que deben “entrenar a sus hijos conforme al camino para ellos”. Cuando los padres dedican tiempo y atención a sus hijos, la vida familiar mejora y se fortalece. Por esta razón, la Sagrada Escritura invita a los padres a enseñar a sus hijos buenos principios “cuando se sienten en su casa y cuando anden por el camino y cuando se acuesten y cuando se levanten”, porque los padres deben “disciplinar a sus hijos en muestra de cariño” y aconseja que los hijos de los sacerdotes  a que sean “obedientes a sus padres en unión con el Señor”. Es cierto que para los hijos no siempre es fácil obedecer a los padres, pero deben escuchar diligentemente las orientaciones de sus padres, quienes por su experiencia siempre indicarán lo mejor para sus hijos y para la felicidad de la vida familiar. San Pablo recomienda a los obispos, presbíteros y diáconos que gobiernen bien su casa para que puedan gobernar bien a la Iglesia.

Fundamentación bíblica: Gén. 1: 27-28; 2:18.24; Mt. 19:4-6; 1Tim. 3:2.4-5.12; Tit. 1:5-6; 1Cor. 7:25-26; Efes. 5:28-30;  6:1-4; 1 Pe. 3:7; Mt. 7:12; Efes. 5:33; Hebr. 13:4; Prov. 5:18-20; 6:27; 22:6; Deut. 11:19.

 

La Mariología en la Iglesia Anglicana.

La Theotókos = La Madre de Dios.

“Oh Dios, que tomaste para ti a la bienaventurada Virgen María, madre de tu Hijo encarnado: Concede que, redimidos por la sangre de Cristo, compartamos con ella la gloria de tu reino eterno; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre.”

La Bienaventurada Virgen María, es la Madre de Jesús verdadero Dios y verdadero hombre. Así lo afirma la doctrina anglicana: “El Hijo que es el Verbo del Padre, engendrado del Padre desde la eternidad, el verdadero y eterno Dios, consubstancial al Padre, tomó la naturaleza Humana en el seno de la Bienaventurada Virgen María, de su substancia; de modo que las dos naturalezas enteras y perfectas, esto es, Divina y Humana, se unieron juntamente en una Persona, para no ser jamás separadas, de lo que resultó un solo Cristo, verdadero Dios y verdadero  Hombre; que verdaderamente padeció, fue crucificado, muerto y sepultado, para reconciliarnos con su Padre, y para ser sacrificio, no solamente por la culpa original, sino también por todos los pecados actuales de los hombres” (Art. III, De La Religión Anglicana). Por lo tanto, ocupa un sitio especial entre los santos. Por su ejemplo de fe y vida que ha inspirado a tantos cristianos a través de los siglos. Al igual que el resto de los santos, los anglicanos veneran, recuerdan e imitan el modelo de vida de la Bienaventurada Virgen María, sabiendo que ella siempre apunta hacia su hijo Jesucristo como objeto de culto y adoración. “Los anglicanos y los católicos concuerdan en el hecho de que las doctrinas de la asunción y de la inmaculada concepción de María deben ser comprendidas a la luz de una verdad más central, la de su identidad de Theotókos, que a su vez depende de la fe en la encarnación” (Acuerdo de la Comisión internacional anglicano-católica (ARCIC) sobre María Gracia y esperanza en Cristo.16 de mayo del 2005).

María: gracia y esperanza en Cristo.

El Documento de la ARCIC no sólo confirma el acuerdo sobre María Virgen y Madre de Dios, sino también el fundamento de los dos dogmas pontificios sobre la Inmaculada Concepción (Pío IX, 8 de diciembre de 1854) y sobre la Asunción (Pío XII, 1 de noviembre de 1950). Este acuerdo tiene su marco en el diálogo dramáticamente agitado entre anglicanos y católicos. Resumir el reciente documento sería demasiado largo. Subrayemos brevemente algunos aspectos. El acuerdo da testimonio de una consideración positiva e incluso de una devoción ferviente hacia María y saca sus elementos «de la Escritura y de la tradición común anterior a la Reforma y a la Contrarreforma» (siglo XVI). Escritura y tradición son la constante del documento: «Es imposible ser fieles a la Escritura y no tomar en serio a María». Siguiendo el Evangelio de san Lucas, la Declaración común dice:: «La anunciación y la visita a Isabel subrayan que María es de modo único la destinación de la elección y de la gracia de Dios» El nuevo nombre dado a María (en griego Kecharitoméne) implica: «Una primigenia santificación por parte de la gracia divina». Es un comentario notable, abierto a la Inmaculada Concepción. El documento se basa constantemente en la concepción virginal de Jesús expresada según Mateo y Lucas en términos muy distintos, pero perfectamente convergentes y aún más significativos.  «La concepción virginal puede parecer en primer lugar como una ausencia, es decir, la ausencia de un padre humano. Sin embargo, es en realidad una señal de la presencia y de la obra del Espíritu […]. Para los creyentes cristianos, es una señal elocuente de la filiación divina de Cristo y la vida nueva a través del Espíritu». Según el documento, por tanto, la concepción virginal de Jesús es al mismo tiempo un dato fundamental de la Revelación y una señal rica en consecuencias para nuestra vida, tal y como la desarrollaron los Padres de la Iglesia, para quienes la Madre de Dios no podía más que ser virgen y sólo una virgen podía ser la Madre de Dios. Algunos teólogos y escritores franceses se oponen con fuerza e insistencia a la virginidad perpetua de María, convirtiéndola en una madre de familia con muchos hijos, forzando y deformando los textos bíblicos. El acuerdo con los anglicanos profesa que María: «Fue siempre virgen. En su reflexión [de anglicanos y católicos] se entiende la virginidad no sólo en términos de integridad física, sino como una disposición interior de apertura, obediencia y fidelidad unánime a Cristo, que conforma el seguimiento cristiano y produce una riqueza de frutos espirituales». Esta es la problemática, por desgracia incomprendida, de los Padres de la Iglesia. El acuerdo del ARCIC cita luego: «El papel de María en la redención de la humanidad […] Ella [«nueva Eva», [puntualiza el texto] está asociada a su Hijo en la victoria sobre el antiguo enemigo. […] La obediencia de la Virgen María abre el camino a la salvación». Se puede, pues, hacer mucho camino con los anglicanos si se evita el título de “corredentora”, un término sobre el que no todos los católicos están de acuerdo. Juan XXIII le había pedido con discreción a la Comisión doctrinal del Concilio, en la que yo participaba como experto, que no usara esta palabra. El acuerdo trata también del lugar de María en el culto. Dice: «Después de […] los Concilios de Éfeso y de Calcedonia […] se estableció gradualmente una tradición de oración con María y de alabanza a María. Desde el siglo IV, sobre todo en Oriente, se asoció a la súplica de su protección». Cosa que sigue en uso en la Iglesia anglicana de hoy. Se aceptan también «las fiestas en su honor». Se admite asimismo la legitimidad de la fiesta de la Concepción de María creada en Oriente en el siglo VII y adoptada en las islas británicas desde el siglo XI.
Se reconoce la intercesión de María y «su presencia» en la vida de la Iglesia, aun admitiendo las exageraciones de la Edad Media que, de manera ambigua, llamó a María “mediadora ante Cristo mediador”; se subraya, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, que Cristo es el único mediador y que María es mediadora sólo «en Cristo» como escribió Juan Pablo II tomando de nuevo la fórmula aceptada antes del Concilio, en 1950, por el luterano alemán Hans Asmulsen, como señalé antes del Concilio en mi Court traité sur la Vierge Marie. Se pone fecha a la fe en la intercesión de María a partir del Concilio de Éfeso (431) y se cita el Avemaría, cuya su difusión se señala en el siglo V, reconociendo que «los reformadores ingleses criticaron esta invocación y otras formas de oración semejantes, porque creían que ponían en tela de juicio la única mediación de Jesucristo». Por tanto, el acuerdo sobre este punto es un paso positivo. Se subraya además que el Concilio Vaticano II confirmó la práctica ininterrumpida de los creyentes que le piden a María que rece por ellos porque la «misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo» (Lumen Gentium, 60). Esta valoración positiva merece una cita. Uno de los últimos párrafos (p. 34) lleva por título: “Intercesión y mediación en la comunión de los santos”.

Acuerdo sobre el origen inmaculado y la asunción de María

El elemento nuevo y notable es el acuerdo, limitado pero sustancial y positivo, sobre las dos definiciones pontificias sobre la Virgen María (1854 y 1950), tan criticadas no sólo por la Reforma sino también por los ortodoxos.

En el 150 aniversario de la definición de Pío IX sobre el origen inmaculado de María el documento subraya que María tuvo «necesidad de Jesucristo». Un punto que era esencial y fundamental para Pío IX, porque este papa no definió sólo la pureza original de María, sino que declaró también que María fue rescatada por preservación (contra aquellos que pensaban que era un privilegio que se le debía a la nueva Eva, en cuanto pertenecía a la primera creación y de este modo era substraída a la descendencia de Adán). El documento reconoce también el fundamento de la definición lacónica de Pío XII, porque se preocupó de ceñirse a lo esencial. No quiso definir la muerte de María, sino solamente que «fue asunta a la gloria celestial en alma y cuerpo». Los anglicanos reconocen que esta es una formulación armoniosa de la fe común, porque, al estar llamados todos los cristianos a la resurrección, nada se opone a que esta promesa se haya cumplido ya para aquella que ha generado corporalmente a Cristo resucitado (mientras que por ejemplo Karl Rahner quería extender este privilegio a todos los cristianos a diferencia de Schillebeeckx). La fe formulada en el acuerdo es para nosotros plenamente común, con la siguiente diferencia: el problema que estas dos definiciones plantea a los anglicanos es que para los católicos son un dogma de fe. Ellos creen lo mismo como una justa interpretación de la fe, pero no como una obligación impuesta por la revelación, porque en la Escritura estas dos doctrinas no son explícitas. Por otra parte, algunos católicos se sienten cohibidos a la hora de justificarlas bíblicamente, sin que por ello se les reproche nada. Por mi parte he demostrado, con una lectura penetrante pero rigurosa de la Escritura, que estas dos doctrinas no sólo están implícitas en la Escritura sino que están formalmente presentes. «Sin embargo», sigue diciendo la declaración, «en la comprensión católica, así como se expresa en estas dos definiciones, la proclamación de una determinada enseñanza como dogma comporta que dicha enseñanza ha de ser considerada como “divinamente revelada” y, por tanto, ha de ser creída de modo “firme y sagrado” por todos los fieles». Esto les plantea un problema a los anglicanos, como a otras confesiones cristianas. Se preguntan si son necesarias estas expresiones de rigor. Ellos admiten sin ninguna dificultad las dos doctrinas tal y como las expresa la constitución dogmática Lumen Gentium, según una formulación menos jurídica, y según la doctrina de la constitución dogmática Dei Verbum sobre la Escritura definida como testimonio. Dice la Declaración: «Los anglicanos han preguntado si una de las condiciones para el futuro restablecimiento de la plena comunión será que acepten las definiciones de 1854 y de 1950. Los católicos consideran que es difícil imaginar el restablecimiento de la comunión si a unos se les pide la aceptación de determinadas doctrinas y a otros no. Al afrontar estos problemas no hemos olvidado el hecho de que “una de las consecuencias de nuestra separación fue la tendencia de anglicanos y católicos a exagerar la importancia de los dogmas marianos en sí mismos, en perjuicio de otras verdades más estrictamente vinculadas con los fundamentos de la fe católica” (Autoridad en la Iglesia II, n. 30). Los anglicanos y los católicos concuerdan en el hecho de que las doctrinas de la asunción y de la inmaculada concepción de María deben ser comprendidas a la luz de una verdad más central, la de su identidad de Theotókos, que a su vez depende de la fe en la encarnación». Según el acuerdo católico-anglicano tenemos íntegramente la misma fe respecto a la Virgen María, pero es preciso que esas verdades definidas después de la separación sean presentadas en un contexto menos jurídico, en conformidad con las especificaciones del Vaticano II, más atentas a la unidad de la fe y a la jerarquía de los dogmas. «Por su parte los anglicanos deberían aceptar que esas definiciones son una legítima expresión de la fe católica, y deben ser respetadas como tales, aunque ellos no hayan utilizado formulaciones de este tipo. Hay, en los acuerdos ecuménicos, ejemplos en los que lo que una de las partes ha definido como de fide puede ser definido por la otra parte de manera distinta, como por ejemplo en la Declaración cristológica común entre la Iglesia católica romana y la Iglesia asiria de Oriente (1994) o en la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación entre la Iglesia católica romana y la federación luterana mundial (1999)». En conclusión, los firmantes del acuerdo piensan que no han negociado solamente una conciliación o un acercamiento, sino que han «ilustrado de manera nueva el lugar de María en la economía de la esperanza y de la gracia». Son las últimas palabras: «Nuestra esperanza es que, mientras compartimos ese único Espíritu que preparó y santificó a María para su singular vocación, podamos participar junto con ella y todos los santos en la incesante alabanza de Dios». El acuerdo espiritual y doctrinal anglicano-católico sobre María va más lejos de lo que se podía imaginar, incluso a pesar de la rigidez y de los altibajos e inconvenientes ecuménicos de los que hemos hablado y de sus consecuencias para alcanzar esa plena comunión que ya el cardenal Mercier con razón quería realizar, según nuestro deseo común que es también la voluntad de Jesucristo: «Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti» (Jn 17, 21).

 

 La devoción a la virgen María.

 

Los anglicanos entienden claramente que existe una diferencia entre "adoración", la cual solo damos al Dios trino, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, y “reverencia” lo cual es cuando mantenemos en alta estima a nuestros santos, en admiración, y como ejemplos de fe dignos de seguir. Por lo tanto nosotros apropiadamente reverenciamos y honramos a la Bienaventurada Virgen María. Martín Lutero mismo escribió:"...imágenes en memoria y testimonio, tales como crucifijos e imágenes de santos deben ser toleradas...y no sólo deben ser toleradas, pero por amor a la memoria y el testimonio deben ser dignas de alabanza y honor." (Traducción de Luther's Works, volumen 40, página 91) Nuestras confesiones se refieren a María como "La Bendita Virgen" o “La Bienaventurada Virgen María” digna de los más altos honores, "siempre Virgen," como una miembro de la iglesia triunfante que intercede en oración por la iglesia militante, y adecuadamente llamada la "Theotókos", Madre de Dios. Existen ciertas expresiones culturales y artísticas muy particulares de la Virgen María entre los latinos que pueden ser aceptadas como importantes. Sin entrar en las historias detrás de ellas, las expresiones artísticas, espirituales, y encarnacionales de María tales como las vírgenes de Guadalupe, La Caridad, Coromoto, Altagracia, San Juan del Valle, y
otras, son símbolos indígenas que pueden reforzar y expresar la espiritualidad latina. Todas estas expresiones apuntan a María de Nazaret, la Madre de Dios y nuestra madre.

Como Lutero dijo, una persona "puede enorgullecerse de tal tesoro
como es la Virgen María como su verdadera madre, Cristo su hermano, y Dios su Padre... Por esa misma razón puedes sentarte confiadamente en el regazo de la Virgen María y eres su querido hijo.
" (Traducción de "Luther on Mary" de Bárbara Owen en la revista The Lutheran, diciembre 1997).

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