¿INFALIBILIDAD PAPAL?

                   +Muy Rvdo. Pbro.. Carlos Alfredo RIVERO PÉREZ

                                   Vicario Episcopal para Oriente

Beato, Pío IX,  primer Papa infalible (1846-1878).

*¿Qué afirma la teología católica sobre el dogma de la infalibilidad papal?

     Según la teología dogmática católica la Infalibilidad papal constituye un dogma de fe, según el cual, el Papa está preservado de cometer un error cuando él solamente promulga o declara, a la iglesia la enseñanza dogmática en temas de fe y moral; como toda verdad de fe, no se presta a discusión de ninguna índole. Esta doctrina es una definición dogmática establecida en el Concilio Vaticano I (1870). En esta teología, la infalibilidad papal es uno de los canales de la Infalibilidad de la Iglesia de Cristo. La infalibilidad papal no quiere decir que el Papa esté a salvo de pecado, ni que esté libre de cometer errores. Respecto a la guía doctrinal de la iglesia, la enseñanza del Papa es infalible, asegurado siempre por la asistencia personal del Espíritu Santo. La creencia en la infalibilidad papal está estrechamente vinculada con la supremacía papal, es decir, con la creencia de que el Papa es Cabeza Suprema de la Iglesia y tiene por tanto poderes espirituales absolutos en todas las materias de fe y sobre todas las personas bautizadas.  

*¿Cómo enseña la iglesia católica este dogma?

     La infalibilidad papal es enseñada por la iglesia católica como efecto de una especial asistencia que Dios hace al romano pontífice cuando éste se propone, por un acto definitivo y solemne, definir y enseñar como cierta y divinamente revelada una determinada doctrina sobre la fe o la moral. La enseñanza de la infalibilidad papal no sostiene la inerrabilidad del Papa, esto es, la imposibilidad de que el Papa se equivoque en cualquier materia; tampoco sostiene que el Papa sea infalible cuando da su opinión particular sobre algún asunto; por último, tampoco sostiene que el Papa esté libre de tentaciones ni de pecado. La doctrina católica romana sostiene que Jesús estableció su Iglesia fundamentándola en la persona de Simón Pedro (y, por consiguiente, de sus sucesores los papas), diciéndole “lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo” (por tanto, dándole potestad suprema), y a quien encargó la misión de “apacentar a sus ovejas” y “confirmar a sus hermanos” en la fe; además prometió que enviaría el Espíritu Santo para que gobierne la Iglesia y la iluminara con la verdad, y que Él mismo permanecería con ella hasta el fin de los tiempos.  La conjunción de estas promesas son tomadas por la iglesia católica como fundamento bíblico de la doctrina de la infalibilidad papal, al entender que Jesús prometió una asistencia real y permanente a la Iglesia, por sí y por el Espíritu Santo, y especialmente a la persona a la que encargó confirmar en la fe al resto de los cristianos: el Papa. De este modo la iglesia entiende que es precisos que Dios preserve a la iglesia, y al Papa que es su Cabeza Suprema de cometer error en materia de fe o de moral, a fin de que pueda guiar a los pastores y los fieles y de que todos tengan seguridad de que la doctrina enseñada por ella es cierta.

*¿Cuáles fueron las verdaderas razones históricas que impulsaron la definición dogmática de la infalibilidad papal?                                 

     En el siglo XVI ocurre la reforma protestante y se cuestiona la autoridad papal, no solo en lo temporal sino también en lo doctrinal. Existía la necesidad de mostrar expresamente lo que antes era ya asumido y otorgar al papado una supremacía espiritual total. En esta época se habían perdido los Estados Pontificios en 1860 y perdió Roma, el último baluarte en 1870. En 1870 el Concilio Vaticano I  convocado por el Papa Pío IX define la infalibilidad papal en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia “Pastor Aeternus”.

*¿Quiénes han protestado contra la definición de este dogma?

     Antes de que el Papa Pío IX abriera el Concilio Vaticano I, el 8 de diciembre de 1869, la oposición al tema de la infalibilidad papal, había aumentado hasta alcanzar proporciones enormes entre los obispos y laicos. Ya no era más la Edad Media, con documentos falsificados para apuntalar la autoridad papal. Los obispos sabían bien que la infalibilidad papal nunca había sido aceptada por la Iglesia sino que había sido negada frecuentemente. Aceptarla ahora sería ir contra siglos de tradición de la Iglesia y también de las Sagradas Escrituras. Por esta razón grupos de católicos alzaron su voz de protesta con vehemencia tanto dentro como fuera del Concilio para oponerse a la declaración del dogma de la infalibilidad papal. Durante los días en que se debatió este tema circularon una lluvia de folletos y un sinnúmero de artículos en los periódicos de toda Europa atacando lo que, según ellos, era un desesperado intento del Papa Pío IX de declararse infalible.

J. H. Ignaz von Döllinger, historiador y teólogo católico maestro durante 47 años de historia católica romana, fue uno de los más conocidos opositores  al dogma de la infalibilidad papal, y por no aceptarla, fue excomulgado el 17 de abril de 1871, por haber escrito y publicado antes de celebrase el Concilio Vaticano I, su obra “El Papa y el Concilio”.  Su crimen había sido señalar que la pretensión del Papa a la infalibilidad carecía de apoyo tanto en las Sagradas Escrituras como en la Tradición Apostólica. Esta obra fue inmediatamente colocada en el índice de lecturas prohibidas. Döllinger no dio ningún paso por reintegrarse a la iglesia católica, en torno suyo se reunió un grupo de laicos y sacerdotes que con el tiempo darían origen a la “iglesia de los Vetero católicos”.

Joseph Hefele de Rottenberg, obispo y ex profesor de historia eclesial, dijo al Concilio Vaticano I. “perdónenme si hablo llanamente. Estoy familiarizado con las antiguas fuentes documentales de la historia y enseñanza de la Iglesia, con los escritos de los padre, y las actas de los Concilios, y que puedo decir… los he tenido en mis manos noche y día. Pero en todos estos documentos no he visto la doctrina de la infalibilidad papal de una fuente fidedigna

Josep Strossmayer, obispo católico croata, se le atribuye falsamente un famoso discurso que supuestamente fue pronunciado por el mismo en la sala conciliar. El discurso es un documento histórico que brinda una idea de los argumentos contra el dogma de la infalibilidad papal de la época.

Dupanloup, obispo francés, escribió en su diario el 28 de junio de 1870. “No voy a ir más al Concilio por violencia, la desvergüenza, además de la falsedad, la vanidad y el continuo mentir, me exigiré mantenerme distanciado”. 

Lecourtier, obispo católico francés, se sintió tan deprimido por el fraude que “arrojó sus documentos contra el río Tíber y se fue de Roma…” Por ese acto lo despojaron de su obispado.

Casangian, obispo católico armenio, junto con otro obispo oriental, huyó de Roma alegando enfermedad.

Lord Acton, católico e historiador de prestigio, hizo todo lo que pudo por evitar que el Papa Pío IX consiguiera, en palabras de Richard Rorty, hacer al catolicismo parecer ridículo. Por tal motivo, dos semanas antes de convocarse formalmente el Concilio, escribió desde Roma, el 24 de noviembre de 1869  a V. Gladstone, Primer Ministro de Gran Bretaña notificándole que: “Todo está preparado aquí para la proclamación de la infalibilidad”.

Hans Küng, teólogo católico alemán, considerado uno de los teólogos más influyente del Concilio Vaticano II, publicó un libro titulado ¿Infalible?, una pregunta”, en el que rechaza la infalibilidad papal. Küng ha alzado también su voz para criticar lo que considera “falta de libertad” dentro de la iglesia católica. Küng, recibió como respuesta del Vaticano, y precisamente, del entonces cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (hoy Papa Benedicto XVI) en 1980 la prohibición de seguir enseñando teología.

August Bernhard Hasler, historiador y erudito suizo, quien había tenido acceso a los archivos secretos del Vaticano, mientras estuvo durante cinco años trabajando en el “Secretariado para  Unidad Cristiana del Vaticano” dijo (en su obra “Cómo el Papa se volvió infalible”): “Todo el asunto resultó en una manipulación del Concilio”. Hans Küng  fue “despojado de sus privilegios de enseñanza eclesiástica” por haber escrito la introducción del libro de Bernhard Hasler.

14 Teólogos alemanes, el 26 de agosto de 1879, declararon. “La libertad de toda suerte de moral y de influencias mediante fuerzas superiores es un “sine qua non” para todos los actos ecuménicos. Dicha libertad estaba ausente en esta reunión” (Bernhard, Ob. Cit. Págs. 136, 143-144).

Garry Wills, profesor de historia, premio Pulitzer, ex jesuita y, según él mismo, católico convencido, considera en su libro “Pecado papal. Estructura del engaño” que el pecado de los papas modernos es peor que los reconocidos de algunos de sus antecesores del Renacimiento, y es deshonestidad intelectual, forzada en buena parte por el empeño insensato de evitar enmendar lo ya dictado, que hace a la iglesia católica ignorar las vicisitudes del desarrollo histórico de la doctrina y cultivar la ignorancia en la iglesia.

 *¿Fue infalible el Apóstol Pedro, el primer “Papa”?

     Si las palabras de Cristo en Mateo 16:18 hicieron a  Pedro el primer “Papa” infalible, entonces estamos ante un gran problema de incoherencia. Las siguientes palabras, pronunciadas de los labios de Pedro, negaron el corazón mismo del Evangelio cristiano, declarando que Cristo no necesitaba ir a la cruz: “Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto acontezca” (Mateo 16:22). El Señor respondió: “¡Quítate de delante de mi, Satanás!” (Mateo 16:23). Aquí estaba la declaración ex cátedra inicial del primer “Papa” Pedro (que está registrada en la Biblia) sobre fe y moral (trata del medio de redención y salvación de Cristo), y esto no era infalibilidad, sino herejía, y en el capítulo siguiente, Pedro comete otro grave error, con otro pronunciamiento hereje. Coloca a Jesús en el mismo nivel con Moisés y Elías: “Señor… si quieres hagamos aquí tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías” (Mateo 17:4).  Esta vez es Dios mismo que desde el cielo reprende al primer “Papa”, diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a Él oíd” (Mateo 17:5). Más tarde, temiendo por su vida, Pedro niega con juramento y maldiciones que conocía a Jesús, de nuevo una declaración sobre “fe y moral” (Cristológica), a toda la iglesia, al negar a Cristo mismo.

Aun si los papas fuesen sus sucesores, Pedro difícilmente podría pasar a ellos una infalibilidad que el mismo obviamente no poseía.

Hans Küng, recientemente destacó que: “El principal texto como prueba citado en el Concilio Vaticano I a favor de la infalibilidad papal, Lucas 22:32 “Pedro he rogado por ti, para que tu fe no falte” jamás fue usado siquiera por los canonistas medievales para documentar este dogma, incorrectamente hecho. En este pasaje, Jesús no promete a Pedro líbrale de error sino gracia para perseverar en la fe hasta el fin” (August Bernhard Hasler, Cómo el Papa se volvió infalible, 1981, pág. 8 en la introducción de Hans Küng).

* ¿Han sido los Papas sucesores de Pedro, infalibles?

      El hecho es que el apóstol Pedro, jamás se hizo llamar “Papa”, ni tampoco tuvo conciencia de que lo era, y en ningún texto bíblico del Nuevo Testamento, se le señala con ese “apelativo”, y mucho menos aún que él haya sido considerado “infalible” por los primeros cristianos de los siglos I-III. Por otra parte, ni en doctrina ni en práctica, han sido los Papas infalibles. Notemos unas cuantos hechos de las cientos de contradicciones que desmienten esta doctrina de la infalibilidad papal:

El Papa Virgilio (537-555), ex oficial romano, se volvió una figura trágica. Cambiaba de opinión sobre doctrina cada vez que el emperador se lo exigía. Finalmente fu declarado hereje y excomulgado por el V Concilio de Constantinopla (553) por el emperador Justiniano.

El Papa Honorio I (625-687), después de su muerte, fue acusado como hereje por el VI Concilio Ecuménico (678-687), en el año 680.

El Papa León I (688- ¿?), confirmó la condenación del Papa Honorio I. Si los papas fueran infalibles, ¿cómo pueden uno condenar a otro?

El Papa Adriano II (867-872), declaró el matrimonio civil como válido, pero el Papa Pío V (1823) lo declaró como no válido.

El Papa Formoso (891-896), llevado a juicio en el año 896 por el Papa Esteban II, dos meses luego de su muerte. Luego, el Papa Esteban VII declaró que todas las ordenaciones de Formoso quedaban sin validez. Formoso había ordenado a muchos sacerdotes y obispos quienes, a su vez, ordenaron a multitudes de otros, quienes  a su vez, hicieron lo mismo. Por lo tanto, una cuestión insoluble continúa actualmente, respecto de esos sacerdotes y obispos, hasta la fecha actual pueden estar en línea de los que ordenó Formoso, por lo tanto, carecen de la genuina autoridad apostólica.

El Papa Eugenio III (1145-1153), autorizó el duelo. Pero más tarde el Papa Julio II y luego, Pío IV (1506) lo prohibieron.

En el siglo XI, había tres Papas rivales al mismo tiempo. Todos estos fueron depuestos por un Concilio convocado por el emperador Enrique III. 

Los Papas Clemente III, Víctor III y Urbano II, quienes rivalizaban al mismo tiempo por la legitimidad de sus cargos; y se condenaban y declaraban herejes unos a otros. ¿Cómo podían ser los papas infalibles cuando se oponían y se condenaban unos a otros?

Los Papas Urbano III (electo por los cardenales italianos) y Clemente VII (electo por los cardenales franceses), se maldijeron por año tras año hasta que un Concilio los depuso a ambos y escogieron a otro (Cf. Cisma de Aviñón).

El Papa Sixto V, hizo preparar una versión de La Biblia, la cuál declaró como auténtica y muy pocos años más tarde, el Papa Clemente VIII declaró que estaba llena de errores y ordenó hacer otra.

El Papa Gregorio I, rechazó el título de “Obispo Universal” por considerarlo pagano, profano, supersticioso, orgullosos e inventado por el primer apóstata (Ver Epístola, 5:20-7:33). Aún así, a través de los siglos los Papas han reclamado para sí mismos, este título (Cf. F. Lacueva, Catolicismo Romano, págs. 36-40).

El Papa Nicolás V (1447-1455), anuló todos los “documentos, procesos, decretos y censuras” originados por el Papa Eugenio IV (1431-1447) contra el Concilio de Basilea, para que se considerara como si nunca hubiera existido.

El Papa Juan XXII (1316-1334), exponía su doctrina, que sostenía que “Cristo y sus apóstoles habían sido hombres de gran riqueza”, y así lo declaró en una bula papal, llamada “Cum inter nonnulos” (1323). El negar ese dogma era herejía. En consecuencia, el Papa Juan XXII demandó a las autoridades que quemaran en la hoguera a los franciscanos (sus rivales) que habían hecho votos de pobreza. Los que rehusaron hacerlo fueron excomulgaos. En Total, 114 franciscanos fueron entregados a las hogueras de la inquisición. Este dogma, posteriormente fue repudiado por otros Papas. Este Papa juró que “la Virgen María se le apareció para presentarle la Gran Promesa: que ella entraría personalmente en el purgatorio el sábado después de sus muertes y llevaría al cielo a todos aquellos que, tras habiendo satisfecho ciertas condiciones, murieron llevando puestos su escapulario marrón”. Confiados en este Privilegio Sabatino, que fue confirmado por otros Papas, incontables millones de católicos romanos desde entonces han usado y usan el escapulario marrón de “Nuestra Señora del Monte Carmelo” como su boleto de pasaje al cielo. El Papa Juan XXII, fue finalmente denunciado como hereje por el emperador Luis de Bavaria, quien lo depuso y designó a otro Papa en su lugar.

El Concilio de Constanza (1414-1418), depuso a tres Papas, cada uno de los cuales reclamaba ser el único y verdadero vicario de Cristo, y cada uno había “excomulgado” a los otros dos.

El Papa Eugenio IV (14-1432), condenó a Juana de Arco a ser quemada por bruja y hereje, más tarde, en 1909, el Papa Pío X (1903-1914) la declaró santa. ¿Puede esto ser infalibilidad papal?

El Papa Juan Pablo II (1978-2005), hoy beatificado por el Papa Benedicto XVI, desautorizó explícitamente a los antecesores “Vicarios de Cristo infalibles”, al declarar en la “Constitución Apostólica Univesi Domini sobre la vacante se la Sede Apostólica y la Elección del Romano Pontífice” promulgada el 22 de febrero de 1996: “PROMULGACIÓN: Por tanto, después de madura reflexión y movido por el ejemplo de mis predecesores, establezco y prescribo estas normas, determinando que nadie ose impugnar por cualquier causa la presente Constitución y lo que en ella está contenido. Esta debe ser inviolablemente observada por todos, no obstante cualquier disposición al contrario, inclusive, es digna de especialísima mención. Que esta surta y alcance sus plenos e íntegros efectos y sea guía para todos aquellos a quienes se refiere. Igualmente declaro derogadas, como ha sido establecido mas arriba, todas las Constituciones y los Ordenamientos emanados a este respecto por los Romanos Pontífices, y al mismo tiempo declaro carente de todo valor cuanto se intentara hacer en sentido contrario a esta Constitución por cualquiera, con cualquier autoridad, consciente e inconscientemente.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 22 de febrero, fiesta de la cátedra de San Pedro Apóstol del año 1996, decimoctavo de mi pontificado”.

Juan Pablo II, pp.

Siervo de los siervos de Dios para perpetua memoria.

     Estos son sólo algunos ejemplos históricos de las contradicciones papales, lo cual, evidencia que la pretensión dogmática de la infalibilidad papal, no ha tenido una aceptación general, pero si ha tenido oposición y en algunos casos hasta rechazo.  

Conclusión

     La naturaleza anti-bíblica del cargo papal le da al hombre que lo ocupa un poder aun mayor que el de un tirano político. Y tanto la oportunidad como la tentación de abusarlo se vería inmensurablemente cuando ese hombre se considera infalible, algo que ningún gobernante se atrevería a reclamar hoy. Para poder ver el efecto devastador de atribuir semejante autoridad suprema a un mero hombre se necesita observar la reacción servil de los que tienen la fortuna suficiente de conocer a esa persona, de estrecharle la mano o de tocarlo. Puede observarse el desbordante entusiasmo que decenas de miles de personas que se reúnen cuando el Papa hace acto de presencia, personal y servil reconocimiento de la infalibilidad, hay una identificación indeseable de los fieles católicos romanos con el poder papal. Es una identificación que engendra, aún entre los miembros conscientes de la iglesia, un orgullo enceguecedor y destructor de pertenecer a la “Iglesia más antigua  y más grande… la única verdadera, fuera de la cual no hay salvación”. Dicho engreimiento  hace de los católicos, devotos insensibles a lo que de otra forma serían los evidentes fracasos en su Iglesia que mantiene su poder. 

    ¿Cómo puede ser un Papa infalible, cuando un gran número de ellos han negado tal doctrina? Los Papas Virgilio Inocencio III (537-555), Clemente IV (1265-1268), Gregorio XI (1370-1378) Julio VI (1522-1523), Pablo IV (1555-1559) e Inocencio III (1198-1216), todos ellos rechazaron la pretensión de infalibilidad papal (Cf. S. Villa, Alas fuentes del Cristianismo, págs. 173-180).

     En consecuencia, debemos señalar con toda sinceridad y seriedad que los no creyentes toman este dogma de la infalibilidad papal como ejemplo de lo que ven como arrogancia e intolerancia de la Iglesia católica romana y falta de sentido común. Los cristianos no católicos rechazan el dogma de la infalibilidad papal y tal como lo reconoció en su momento el propio Papa Pablo VI, esa discrepancia “es sin duda el más grave obstáculo en la ruta ecuménica”.

     La iglesia católica anglicana, la iglesia católica ortodoxa, e incluso, los movimientos protestantes rechazan de forma rotunda y consideran inválido este dogma romano, y lo consideran una verdadera traba para el diálogo ecuménico. Pues, apoyándose en las Sagradas Escrituras afirman que “sólo Dios puede ser calificado de infalible”.

     Ojalá algún día, se declare oficialmente derogado este dogma, cosa que estamos seguros, no será muy fácil debido al blindaje eclesiástico y conciliar otorgado al documento pontificio

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Fuente bibliográfica:

Bernhard Hasler, August, Cómo el papa se volvió infalible, Editorial Herder, España, 1981.

Küng, Hans, ¿Infalible?, una pregunta, Editorial Herder, España, 1969.

Lontz, Joseph,  Historia de la Iglesia, Tomos I y II, Editorial Sal Terrae, España, 1980.

http://es.wikipendia.org/wiki/Infalibilidad_papal

http://www.berrom.com/strossmayer.htm

http://www.conocereislaverdad.org/infalibilidadpapal.htm

 

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