LA APOSTOLICIDAD EN LA IGLESIA PRIMITIVA

Por:+Exmo. Mons. Lic. Carlos Alfredo Rivero Pérez

 

1.- Institución de la Iglesia Una y Santa.

     Nuestro Señor Jesucristo no escribió un libro, ni erigió tampoco una organización eclesiástica. Sólo hizo una cosa: asignar un encargo a ciertas personas escogidas por él mismo, un encargo o comisión que ellos perpetuaron en el tiempo. Por eso, la llamada Sucesión Apostólica no es un mero plan de acción para la comunidad de creyentes, sino que es el don expuesto de Cristo, confiado a sus inmediatos colaboradores y sucesores: los apóstoles. Cristo instituyó Su Iglesia (cf. Mateo 16:18) con la elección y envió de los Doce apóstoles (Mateo 10:1-4). Esta Iglesia tuvo su nacimiento oficial en Jerusalén, el día de Pentecostés (cf. Hechos 2:1).

2.- Preparación de Jesús antes de la elección de los apóstoles 

     Jesús necesitó cierto tiempo en oración e intimidad con Dios, para llevar a cabo la importante decisión y elección apostólica entre sus discípulos, conociendo y analizando cuidadosamente la personalidad de cada uno de ellos, y buscando las cualidades irreprensibles que les señalaran para aptos, para bien dirigir su causa. El evangelista san Lucas nos relata que Jesús: “12 En aquellos días se fue a orar en un cerro y pasó toda la noche en oración con Dios. 13 Al llegar el día llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los que llamó apóstoles: 14 Simón al que le dio el nombre de Pedro, y su hermano Andrés, Santiago, Juan, Felipe; Bartolomé, 15 Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, apodado Zelote, 16 Judas, hermano de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor” (Lucas 6:12-16; cf. Marcos 3:13-19; Mateo 10:1-4). ¿Para qué fueron electos por Jesús? Para estar junto a él, aprender de él y ser enviados a dirigir su causa, es decir, para conducir Su Iglesia y predicar Su Evangelio. Así, lo señalan los evangelios: “Para estar junto a Cristo (cf. Marcos 3:14) y para enviarlos a predicar el evangelio: “19 Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de la historia” (Mateo 28:19-20);

3.- El Colegio Apostólico

    La misión apostólica era bien distinta de los oficios de los otros discípulos. La preeminencia de los apóstoles eran tan evidente, que para sustituir la vacante dejada por el traidor, que había entregado a nuestro Señor Jesucristo, y recordando que era necesario completar el número de los Doce, fueron presentados para ocupar el cargo a dos candidatos José (Barrabás) por sobrenombre Justo y Matías, siendo electo Matías “25 para ocupar este cargo y recibir este ministerio y apostolado” (Hechos 1:25). Una vez completado el colegio apostólico con la elección del nuevo apóstol Matías, el mismo grupo se reunió en oración el día de Pentecostés. Allí, en el aposento alto, estando reunido los apóstoles y otras ciento veinte personas más, incluyendo a la Virgen María la Madre de nuestro Señor Jesucristo, se manifestó el Espíritu Santo como viento huracanado y como lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y su poder los impulsó a la predicación kerygmática de la salvación en Cristo. San Pedro asumió la vocería del grupo de cristianos para explicar a aquella gente que sombrados y atónitos se acercaban a la casa, lo que allí estaba ocurriendo. Y así fueron incorporados los primeros conversos a la Iglesia cristiana (cf. Hechos 2:1-12).    

4.- El perfil del apóstol

     Jesús constituyó el grupo de los Doce. Los necesita para organizar sus reuniones, para transmitir sus enseñanzas, para multiplicar los signos milagrosos que realiza en los enfermos. También Jesús está proyectando Su Iglesia y quiere darle una cabeza: ésta será el grupo de los apóstoles. Ellos van a ser, en medio de los hombres, los testigos de Jesús, y a este fin les enseña una manera de vivir y de convivir que servirá de modelo a la Iglesia. Si hablamos de un perfil apostólico debemos comenzar diciendo que Jesús:

  • Llamó a los que él quiso (cf. Marcos 3:13; Juan 15:16).
  • Les mandó que se amarán unos a otros (cf. Juan 15:17).
  • Les exhortó a que cumplirán con sus mandamientos para que permanecieran en su amor y en el amor del Padre (cf. Juan  15:10).

     En la Iglesia todos somos llamados a hacer un trabajo apostólico, pero nadie puede llegar a ser apóstol, es decir un testigo oficial de Cristo, si no es llamado. Con el transcurrir del tiempo y especialmente entre los pueblos paganos conversos por el apóstol san Pablo al cristianismo, el perfil apostólico en sucesión fue exigiendo que los que aspiraban al cargo de episcopios (obispos), debían ser:

  • De conducta irreprochable
  • Casado una sola vez,
  • Casto,
  • Dueño de sí mismo,
  • De buenos modales,
  • Hospitalario con los hermanos.
  • Capaces de enseñar la sana doctrina,
  • No bebedor, ni peleador, sino indulgente,
  • Amigo de la paz y desprendido del dinero.
  • Que sepa gobernar su propia casa, para que pueda gobernar y guiar a la Iglesia.
  • Que no sea un neófito en la fe,
  • Que goce de buena fama ante los demás (cf. I Timoteo 3:1-7).

5.- Historial Apostólico de la Primitiva Iglesia.

     Las principales cuatro (4) características de los primitivos cristianos, determina el historial apostólico de quien va a ser elegido para ejercer el cargo de apóstol eran:

  1. La doctrina de los apóstoles (enseñanza del evangelio).
  2. La comunión de los apóstoles (koinonia).
  3. El partimiento del pan (Eucaristía).
  4. Las oraciones (Liturgia-Culto). (cf. Hechos 2:42).

     Históricamente, puede comprobarse que estas cuatro (4) características, constituían la norma de la vida cristiana, en la Iglesia Primitiva nacida en Pentecostés. Y la historia subsiguiente del Nuevo Testamento y de los santos padres, no dice que esta norma haya sido nunca alterada.

6.- La Sucesión Apostólica

     Conservar la “Comunión de los Apóstoles” como ellos la conservaron era seguir el camino cristiano, bajo la dirección apostólica, de quienes habían sido comisionados o enviados por nuestro Señor Jesucristo para este particular propósito: “Id y evangelizad”. De este mandato del Señor, y de la continuidad en el tiempo de garantizar la "Gran Comisión" se va configurando progresivamente la Sucesión Apostólica o episcopado histórico ininterrumpido y transmitido por la imposición de las manos del obispos en compañia de otros dos obispos co-consagrantes.

7.- La Verdadera Política Eclesiástica

     La verdadera política de la Iglesia cristiana, consiste en ejercer la autoridad apostólica (episcopal) sobre las congregaciones encomendadas al cuidado pastoral y que han de ser conducidas al redil de la Iglesia de Cristo. Por eso, se justifica el triple ministerio, pues los apóstoles fueron los supervisores generales de toda la labor cristiana. Para dirigir las congregaciones en los distintos lugares se constituyeron por la imposición de las manos de los apóstoles a los “ancianos” o presbíteros (cf. Hechos 14:23) y eligieron diáconos (cf. Hechos 6:1-6) y fueron ordenados para la especial función de ministrar a los pobres.

 

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